miércoles, 3 de septiembre de 2014

Las lágrimas del poeta



Él le dijo que sólo tenía ganas de llorar y ella le contestó llora, llora como poeta lo que no quisiste defender como hombre.

Uol

jueves, 28 de agosto de 2014

Casa paterna




En la casa de mis padres vuelvo a ser una niña, no una mujer que toma sus decisiones. En casa de mis padres vuelvo a ser la muchacha que derriba con un mazo uno a uno los sueños que pienso que imaginaron para mí. Lo que en la ciudad me hace fuerte y me distingue, aquí me señala y me humilla. Seguramente no es ni una cosa ni la otra, pero así lo vivo. En la casa  de mis padres, en el pueblo, florecen todas mis carencias, crecen desde el estómago como hiedras que alcanzan mi garganta y amenazan con asfixiarme.

Recorro una a una las habitaciones vacías -aunque perfectamente amuebladas-  y me pregunto qué será de todos esos silencios, qué será de mí. Yo creía que cumplía mis sueños y acaso alguno de los suyos, y resultó que los suyos son los que verdaderamente pesan sobre mí. No cumplir alguno de los míos no me duele en absoluto, pero leer en sus ojos, por veces tan tristes, la sorpresa de la decepción o la incomprensión ante el presente al que hemos llegado, la incertidumbre del camino recorrido tan ajeno a lo posible -y esto a pesar de su inquebrantable amor y orgullo- me hunde en la desesperanza.

En casa de mis padres el legado patrimonial tiene paredes y ventanas luminosas con cortinas imposibles siempre recogidas enmarcando un edén de verdor, mesitas con fotografías en blanco y negro, ecos de risas de niños ya adultos, figurillas de barro compradas en rastros portugueses, platos y postales de viajes a sitios muy lejanos o cercanos, libros de aventuras de Bruguera, enciclopedias obsoletas y estancias reformadas para los que nunca llegaron o llegarán.

La casa de mis padres es patria y se espera que no se la traicione. Nos lanzan al mundo, nos enseñan a volar, nos piden que construyamos nidos en algún otro lugar y, de pronto, cuando estás en ese proceso, sin saber cómo, sus miradas envejecidas sólo anhelan que la casa vuelva a ser ocupada, que abandonemos guaridas propias, nidos lejanos, que volvamos a servir a la patria, con fervor y sin preguntas. 

La casa de mis padres es una losa, tan hermosa con sus flores y su luz y sus recuerdos, una tumba que espera tu regreso. La casa de mis padres es el paraíso perdido y la lápida final. Entremedias quiero huir de su influjo. Pero sus miradas expectantes, de sorpresa y desaliento, tiran de mí hacia el pudridero. Y maldigo diciendo que ojalá no existiesen esas cuerdas y esas hiedras, estupideces que no siento, porque no puedo ser sino quien soy. Y entonces miento: digo que en verano volveré a leer en la terraza rodeada de geranios rojos y frente a la lareira en invierno viendo arder la leña de carballo; digo que escribiré y leeré en la buhardilla (aunque no sea sobre el Sena); digo que cultivaré rosas y lechugas; geranios, tomates y pimientos; gerberas y petunias, judías, berzas y calabacines. Miento y sus ojos se alegran mientras los míos se humedecen de tristeza, de melancolía e impotencia; de rabia y frustración. 

Pero entonces surge la duda,  un cabo lanzado al náufrago. ¿Y si en el fondo no miento? ¿Acaso mis mentiras de hoy no pueden convertirse en simples certezas alguna futura mañana? 

Quiero creer que es eso lo que piensan cuando me miran y sonríen, confiando.

Uol 


 Sobre las casas y el abandono trata un poema de Gina Saraceni  que puedes leer aquí.

lunes, 25 de agosto de 2014

Navío

Marinero by  R. Mapplethorpe



Navío  desvelado, corazón mío,
que atraviesas la anchura de la desolación con tanta
tenacidad como inconsciencia.
Alguna vez, un faro tropieza en su barrido con tu
titubeante vaivén y, entonces, te sonríes y empavesas
tus mástiles para saludar a un quimérico puerto.
Resuenan, en la niebla, las bocinas, ebrias ante el
presentimiento de la proximidad y la brújula olfatea,
serpentea, recorre cada radio, atraviesa los círculos,
cerca el confín de la distancia.
Pero el horizonte, imperturbable, sólo muestra tu íntimo
precipicio, tu inabarcable desierto interior.

Ana Rossetti: Punto Umbrío (1996)  



jueves, 21 de agosto de 2014

Calma





Calma, calma, agua cristalina, pájaros piadores. El agua en mis pies. Arena fina, blanca. La serenidad tiene que llegar en algún momento, alguna vez. Y no provocar este miedo atroz; la serenidad como calma, agua entre los dedos de los pies, agua deslizándose por el rostro. ¿Por qué huyo de la calma? ¿Por qué la calma ha sido muerte y decrepitud?  La calma con su manto cubriendo mis ojos cansados, la calma inesperada, la calma que he rechazado una y otra vez, huyendo, huyendo siempre y, sin embargo, inmersa en ella. ¿Quién puede comprender tal contradicción? Inmersa en la calma como en un útero, calma que no percibía, atenta sólo al latido del corazón, a los tambores en mis sienes, retumbando sin cesar, la vida corriendo por las venas, palpitando en los pulsos, en las sienes, en las ingles. Calma, calma. Calma huidiza, calma que no he entendido ni comprendido y que, no obstante, siempre ha estado dentro de mí, como cuerpo extraño que hay que rodear, encapsular para que no haga daño, cuerpo extraño que hay que expulsar.

La calma, la calma del mar lamerá las heridas, sosegará el alma, la calma después de la tormenta, una vida de tormenta en tormenta, faro esquivo azotado por los vientos, la calma que sé que un día llegará.

¿Pero puede un faro dejar de desear ser azotado por los vientos? ¿Puede un faro dejar de soñar con olas besando sus cimientos?¿Puede evitar guiar a los extraviados? ¿Puede un faro dejar de otear en lontananza, dejar de ser quien es, de gritar avante, avante? ¿Puede?


Uol 
Música: Calma, de Ocean Blue

domingo, 17 de agosto de 2014

Respirar





 
Era una tarde de abril
con tiempo de primavera
juntos fuimos hasta allí
a recordar algo nuestro.
Era como empezar
a sentir lo que hoy siento,
tú jugando junto a mí,
yo ahogándome en el tiempo.
 

Necesito respirar,
descubrir el aire fresco
y decir cada mañana
que soy libre como el viento.
 

Cantamos una canción
y juntos pudimos ver
que después de nuestra voz
sólo se quedó el silencio. 

Comenzamos a soñar,
volaron los pensamientos
y al mirarte comprendí
que tu sueño era mi sueño.
 

Necesito respirar,
descubrir el aire fresco
y decir cada mañana
que soy libre como el viento.

Necesito respirar,
descubrir el aire fresco
y decir cada mañana
que soy libre como el viento. 


Música: Necesito respirar del álbum Sin Tiempo (1992) by Medina Azahara.

miércoles, 13 de agosto de 2014

África

A ÁFRICA

Se le escapó el sol.
Le cayó la plaga.
Y bichitos invisibles
se le escapan 
por los humores
hasta cuando se seca
las lágrimas. 

Excreta veneno
tu cuerpo moreno, África.

Pero son los fusiles
los que te matan,
botas de polvo,
boinas odiadas,
parodias de ejércitos
te desangran, África.

Uol
África helada

sábado, 9 de agosto de 2014

Es difícil




Es difícil de explicar, todas las cosas que nos importan en la vida son difíciles de explicar,  porque para nada sirven las palabras si lo que cuenta es el sentimiento, porque una definición de diccionario no desvela el sentir, porque unas letras no trasmiten la palpitación, el temblor, el deseo, la ira, el temor, lo inasible, lo inexplicable, la sensación, la intuición, la vibración. Nos esforzamos en buscar y poner palabras, porque nos han dicho que las palabras lo encierran todo, incluso  el misterio y lo infinito, pero resulta que la misma cosa tiene tantos nombres como lenguas hay en el mundo, y si no es la nuestra, resulta que no es lo mismo, incluso aunque esa palabra se refiera a algo concreto y tangible, no es lo mismo. No provoca en nosotros lo mismo. Por eso es complicado explicar qué siente un gallego al escuchar esta canción. Por eso es difícil explicar que las borracheras tienen en mi tierra una tristeza subyacente, que son un canto y una exaltación de la melancolía; que cuando escuchas esta canción, cunca de vino en mano, se erizan los vellos, se nublan los ojos, los ollares se inundan de olor a verde, a hierba, o a salitre y a viento. Ya sé que es difícil de entender, mucho más de explicar. Quizás por eso sólo nosotros comprendemos que esta canción sea nuestra bandera y nuestro pañuelo (tanto seca ojos como recoge mocos), nuestra canción de borrachera.

Uol
A Roda

Música: O andar miudiño, by A Roda.



Éche un andar miudiño,
miudiño, miudiño,
miudiño, miudiño,
o que eu traio.

 Que eu traio unha borracheira
de viño, que auga non bebo.
Mira, mira, Maruxiña,
mira, mira, como eu veño.

Éche un andar miudiño... (Bis)