Decidió que detrás de la puerta ya no había nada que suscitase su interés.
No se trataba de esquivarla, de pasar de largo y mirarla de reojo con prevención y recelo. Simplemente, para ella ese umbral ya no existía. No había nada. Y cuando uno decide algo, debe al menos intentar llevarlo hasta el final.
Inocentemente pensó que entornando esta puerta se abriría un sendero transitable que la acercaría a otro lugar. Pero ese lugar sólo existe en su imaginación. Un día cerró la puerta. No es trágico. Total, el sendero sigue en su imaginación. Puede recorrerlo siempre que quiera. La puerta no conduce a nada.
La cerró.
UolFree

Ayer mismo, pensaba que, fuera de mi grupo de amigos de toda la vida, nunca he intentado mantener el contacto con otra gente. Gente con quien me llevaba bien durante un curso en el instituto o la escuela de idiomas, en la mili, en el Camino de Santiago u en otros viajes. Y que tendrá que ver con que nunca me he gustado del todo a mí mismo, y cada vez que cierro una etapa, simplemente prefiero no evitar que la gente con quien la compartí se aleje, como si así se fuesen a alejar también los errores que cometí al expresarme, quizá.
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