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jueves, 23 de febrero de 2023

Soledad

 


Cuando te percatas de que el tiempo que tienes hacia adelante ya es menor  que el que dejas atrás, se imponen ciertas reflexiones o ideas turbias en tu cabeza; se hacen hueco y buscan el cauce por el que fluir y dejar posos en las orillas, como sedimentos hediondos que no puedes más que oler e identificar.

A veces me siento sola; no la soledad de la tristeza, el aislamiento y el abandono (que vendrán tal vez en algún momento), sino la soledad de no tener con quien compartir planes. Como dijo una amiga, es jodido tener tiempo y dinero y no tener con quien compartirlos.

Cuando era muy joven ni me planteaba no tener planes. Ni os cuento la emoción de la llamada por teléfono de amigas, ligues o conocidos con los que intercambiaba número de teléfono.

Cuando era universitaria los planes se solapaban y no solo había de renunciar a algunos por faltarme el don de la ubicuidad, sino porque mi responsabilidad ante los estudios me impedía vivir una vida loca, porque aunque no faltan pecados e imprudencias en mi currículum, nunca podrían catalogarse de disparates, barbaridades o locuras peligrosas. O quizás, sí; tal como se cataloga ahora todo, quizás sí viví situaciones insensatas o arriesgadas. Con todo, ni nunca perdí el norte ni nunca me desvié de mi objetivo: ser independiente económicamente.  Yo quería tiempo y dinero. Más o menos, los tengo. Tiempo menos, la vejez de los padres se impone. Pero todavía dispongo de ciertos momentos para mí.

En el período entre los veinticinco y los treinta y cinco años, cuando algunos de mis amigos y conocidos iniciaban el camino de forjar una familia, yo tenía un grupillo de cuatro íntimos que seguíamos sin ver claro ese túnel. Ahora si teníamos dinero y tiempo y los barajábamos a discreción. Fueron épocas gloriosas de las que he hablado en este blog varias veces. No lo idealizo: había curro y había horarios, pero también noches de empalmada, fines de semana de excursiones, bebidoque o viajes. También sexo y amor. Junto o por separado. Bueno, yo amor platónico nunca he tenido. Si no veía perspectivas, cambiaba la dirección de mi mirada. He amado. He deseado. Y he recibido ambas cosas. Pero no he sido persistente. Me he escapado. El porqué no viene a cuento. Quizás un día os lo cuente. O quizás cada uno ya se haya hecho una idea después de años leyéndome, y tampoco voy yo ahora a desmontarle el cuarto oscuro donde me haya metido.

Lo cierto es que yo me decía a mí misma que era muy afortunada por seguir manteniendo ese grupo de amistades tan unido, en unión estable, firme, férrea y, sobre todo, con el mismo estatus e intereses después de tantos años. Y de pronto, sin anuncios, sin dramas, sin intuirlo, el grupo se disolvió. ¿Las razones? Traslados de ciudad por trabajo y/o amor; un desacuerdo  en un caso que hizo plantearme que quizás necesitaba poner algo de distancia y de lo que nunca volvimos a hablar. Pero seguía existiendo gente a la que me uní. Y otro amor, otro grupo. Sin embargo, ya no fue lo mismo. Madurar, se llama, al parecer. Yo no pienso que antes fuésemos inmaduros. Simplemente, no todo el mundo necesita los mismos asideros en la vida. Ningún planteamiento es mejor que otro. Cada uno se agarra a lo que le satisface. La verdad es que la familia exige tiempo y dedicación. Y es bueno y necesario que así sea.  Y te vas descolgando. E, incluso, tu pareja interpreta como falta de compromiso que tú no quieras más compromiso que el que tienes: deducen falsamente que es falta de amor. A lo mejor es cierto. No lo sé. ¡No sé tantas cosas! Yo no lo veía así. Y ese afán por un papel me fue desinflando a mí. Y lo dejé. Otra vez.  Aquí alguien pensará que tengo miedo al compromiso, que soy inmadura. Otra vez el concepto. Pero no. O sí. No lo sé.

El caso es que aquello que escuchaba de adolescente cuando hablaban de ciertas chicas independientes, "se le va a pasar el arroz", "hay que tener hijos para que te cuiden en la vejez", "es tan escogida que se va a quedar sola", todos ellos dichos horribles y que encierran un egoísmo extremo (¡Y falso!, que se lo digan a los ancianos arrumbados en residencias; y sí, ya sé que existen situaciones insostenibles en las que es imposible cuidarlos en casa, pero vete tú a decírselo al padre que quería tener hijos para que lo cuidasen). Esos dichos populares, digo, reflejan el miedo a la soledad. Y aquí vuelvo a lo mismo. No me siento sola, pero tengo tiempo y dinero y no tengo más que compañeras con las que tomar un café o unas cañas tras el trabajo. A veces, ir al teatro o al cine. Y sí, cenas del club de lectura o tardes de termas. No está mal, ¿no? Pero yo hablo de viajar, de salir de vinos y pinchos cualquier tarde, de aquella emoción cuando sonaba el telefonillo del portal y cualquier amigo se presentaba para arrancarte del aburrimiento. ¿Quién se presenta en estos tiempos de repente en el portal sin previo aviso por el whatsapp?

Y aquí estoy, reflexionando mientras se hace la paella (arroz con cosas, en realidad) tras un largo puente de Carnaval en el que no he tenido con quien salir disfrazada o andar de troula por el triángulo mágico (Laza, Verín, Xinzo) porque todo el mundo tiene sus propios planes. 

Alguien puede pensar que hablo desde la amargura. Y no. Yo no me siento así. Pero me gustaría volver a compartir un grupo como el de antaño. Y es tremendamente difícil. Supongo que para cuando me jubile. Igual para entonces vuelvo a reunir a almas solitarias con ansia por compartir. Aunque no sé. Igual para entonces el cuerpo ya no acompañará al ánima.

Por eso, ahora, en la orilla, ante el mar en calma de mi espíritu, es cuando me pregunto, la soledad elegida ¿es una conquista o una losa? Chi lo sà!

Uol



viernes, 16 de julio de 2021

Ricino


Saía sempre ao encontro da vida. Por veces ousada, libre; outras temerosa, precavida. A maior parte das ocasións sen esperar nada en especial, só sentir a normalidade, pasear, mirar escaparates, refolletear entre a roupa, curiosear libros, tomar un café ou unha caña, dependendo da hora, nunha terraza. Case sempre facendo o mesmo percorrido, introducindo mínimas variacións. Xa sabedes, fas o triángulo en Auria e xa te atopaches a todo o mundo polo menos unha vez. Outras agardando por alguén, charla fronte a unhas patacas fritidas en rabiosa disputa coas ladroas pombas, cada día máis rapaces e atrevidas, descaradas.

Desde había tempo os meus ollos facían un varrido buscando unhas formas, un pescozo, unha estatura, uns andares. Rara vez os atopaban por máis que escrudriñaban cadeiras e mesas en terrazas e cafés. Coincidir era unha rareza apetecida. E cando iso acontecía, o vaído, a sorpresa pese a buscalo, a esperalo, a soñalo.

Hai días que era mellor non saír da casa, non tentar a sorte, nin buscar a vida. Total, iso só sucede nas películas de serie B para as sobremesas de domingo na televisión. Hai días que era mellor non mirar, non axexar, non guichar máis alá do tropezón inesperado. E ese día chegou -era esperable, era imaxinable, pero aínda así, era doloroso-. E eu pensei, xa está. Os teus ollos acaban de certificar o esperable. Todo é moi louco e absurdo. Sentín unha dor que non me correspondía, pero que me lembrou a aqueloutra pasada. E á miña mente chegaron como un eco aquelas palabras, non quero volver a sentir isto, non quero volver a sufrir isto. Sentino coma algo real. Non pode ser, non pode ser. Non podo sentir este corazón desbocado. E dicíame, medio mareada, Praza Maior abaixo, esta dor non é real, non me corresponde: é un reflexo daqueloutra pasada; non é real, non é real. Camiñei coma unha alma en pena polas rúas cada vez máis baleiras, pois xa era hora de xantar, igual que aquela vez, onde me aboquei sobre o Miño desde a Ponte Romana e vía as augas turbias alá abaixo e reflexionaba sobre se esa dor que sentía era a que facía que certas persoas se guindaran alá embaixo. Pensaba todo isto mentres me sentía a persoa máis triste e desvalida do mundo; sentía sobre min un peso milenario, o peso de todas as dores posibles sobre min. E non obstante, aquilo pasou. Pensaba que nunca pasaría, pero pasou. Tardou, pero un día xa non pensaches máis niso, naquilo; e, se pensabas, xa non había dor, só decepción, que polo menos é un motivo para sentir unha dor máis tanxible e non é aquela cousa, esta cousa sen nome.

Porque a vida sí sae ao encontro, sae ao encontro para cuspirche aos pés e dicirche saca de aí, pailana, atontá, pero por que constrúes castelos no aire, por que armas labirintos que non vai cruzar, por que mostras debuxos que non vai colorear, por que lle escribes esa letra a unha música que nunca escoitou, por que lle pos un final tecnicolor ao que é un documental experimental en branco e negro duro e fuxidío? Ah, la vie! Non ves que es ridícula, non ves que volves ao mesmo unha e outra vez, non ves que é absurdo, non ves que cansas, que enfastías, que só ti ves pó dourado no vento, no aire? Déixate de trangalladas e sé obxectiva, sé pragmática, sé realista, asenta no mundo, hostia xa, aterriza, nena, aterriza xa!

Neste mundo a algúns fáltalles un fervor e a outros sóbranos idealismo. A algúns sóbralles vinagre e a outros azucre, contaminando todo cunha melaza imaxinaria que anoxa, que produce bascas, que fai golsar os espíritos máis realistas.

Menos mal que para isto está a vida, que vén ao teu encontro ofrecéndoche o vomitivo más axeitado, culleradas de ricino que che fan abrir ollos e boca para vertelo todo. A vida, esa candonga.

Uol



sábado, 29 de febrero de 2020

Aludido


ALUDIDO


Te preguntas si eres el aludido.
Pero no me preguntas a mí.
Te niegas a pensarlo siquiera,
que eres el aludido,
no a pensar en preguntarme
si lo eres o no.
Para eso hay que arriesgarse,
tirarse en plancha al agua fría,
cemento pulido
contra el que temes rebotar.
Tú, yo, todos.
Todos tememos esparcir los sesos
contra el suelo
por confiar.
Por confiar.

Avanzamos en los días
obviando continuamente
las olas que provocamos
tras nuestro quejumbroso andar;
niños indecisos, temerosos,
enrabietados porque la sombra
que se cruzó en nuestro camino
no es la que pintamos en el cuaderno escolar.
Y no vemos, no percibimos
la mirada anhelante de curiosidad;
la intriga, el deseo,
el afán.

Hot Stuff
Hot Stuff


¡Qué desconcierto no saber!
¡Qué desatino imaginar!
¡Qué cobardía no indagar!

Y así avanzan los días,
a trompicones inertes,
enmascarados de falsa productividad,
mientras se consume nuestro tiempo,
el que resta, el que se agota, el que no vuelve. 


Uol

domingo, 9 de diciembre de 2018

Revisionista



―¿A ti te ha pasado alguna vez? 
―¿Qué cosa? 
―Que te hayas vuelto a enrollar con alguien al cabo de una década o más y esta vez... te ha parecido que su polla ha menguado. 
―Jajajajajaja. Pues sí. 
―¿De verdad? ¿Y por qué será? 
―A lo mejor es que encoge con la edad, igual que perdemos centímetros de estatura por el aplastamiento de las vértebras. 
―Boh, no te rías. 
―También puede ser... 
―¿Qué? 
―Que con los años su volumen es proporcionalmente inverso al crecimiento de la panza de su portador. 
―Jajajajajaja, pues no te digo yo que no. Antes estaba muy flaco y era todo polla.
―Eso me suena jajajajaja. Pero... oye, oye, oye... ¡desembucha!, ¿con qué ex te has vuelto a liar? 
―¡A ti te lo voy a decir! 
―Anda, jo, porfa, dímelo, porfa... 
―Circula, anda, circula.
Uol

RevisionistaDel revisionismo o relativo a él.
Revisionismo Tendencia a someter a revisión doctrinas o prácticas establecidas para actualizarlas.

lunes, 7 de mayo de 2018

Encuentro casual



Hace tiempo que no me convocas para contarme una de tus historias, Lou. Así que debo inducir que se trata de algo importante. No, no creas, bueno, quizás... Tampoco es que tenga que tenerte al día de mis miserias y sequías. No soy el parte meteorológico.  Vale, lo que digas, desembucha. 

Tendría que remontarme a... No empecemos con tus digresiones, al grano, que te conozco. Es que los antecedentes son importantes. Vaaale. No pongas esa cara, está bien, abrevio, pero luego no empieces a interrogarme por cabos sueltos.  Uol resopló, como siempre. ¡Dudar así de su capacidad detectivesca! No tiene remedio.

Hacía un par de meses que no salía de juerga: temporada de trabajo, invierno lluvioso, pocas ganas y alicientes, pero sobre todo una amiga que estaba en fase pasional con su última conquista y que era con la que yo más salía habitualmente los fines de semana. Así que llevaba mucho tiempo sin verlo,  muchos meses en realidad. ¿A quién? Uol se embala. Te jodes, ahora no pienso aclararte nada. No haberte saltado el prólogo.  Uol finge enfurruñarse pero se recupera enseguida. ¡Buena es ella!  Ya, un fichaje al que controlas, pero con el que nunca has hablado. Y seguramente del tipo que te mira y remira y no dice esta boca es mía. Fichaje de lejos. Un lento.  Ya sabéis por qué a veces la estrangularía. Un tímido, precisé. De los que te ponen a cien, añadió ella, que me conoce mejor que yo misma. A mil, apostillé yo. Y sí, mirada clavada, pero nada más. Y no coincidimos en los bares más que de  pascuas en ramos. Casado o con pareja. Y sólo sale los viernes o sábados "de chicos", peña de pachanga o similar. Me largo, ya que lo sabes todo. No, no, no, porfi, cuéntame, please. Me pone Uol esos ojillos de  lánguida gatita escondiendo las uñas. Temo yo sus zarpazos más que el pastor un nublado. En fin, me ablando enseguida. 

Más bien creo que solamente coincidimos en ciertos locales, y que los encuentros quedan al albur del destino y la casualidad, y ésa no es muy amable conmigo últimamente. Un día lo vi en un bar de la zona de vinos con un par de amigos y una pareja con un bebé. Hablaban y en un determinado momento la pareja se despidió y él le dio un besito al bebé, que estaba en brazos de la chica. Imaginé que era la hermana, el cuñado y el sobrinito. Me pareció un hombre tierno y cariñoso. Ya está la peliculera ésta. Pero, chica, ¿por qué fabulas así? ¿Y tú por qué eres tan positivista?  No sé, en todo caso la casualidad y tú os lleváis extraordinariamente bien, porque te pasa cada cosa... No respondo y pongo mi cara de ultimátum. Ella bebe y calla, precavida.  

En resumen, después de meses en plan hogareño acudí a una cena con colegas del trabajo. El restaurante estaba ubicado en una parte de la ciudad que no suelo frecuentar. ¡Con decirte que tuve que buscar en el google maps el local y no lo encontraba porque no estaba registrado el nombre! Lo habían reformado hacía poco y les habían dado buenas referencias a la organizadora. Como no me gusta llegar tarde en plan reinona y tampoco puedo alegar tener que "acomodar o gando", suelo ser puntual. (Explicación para los no gallegos: acomodar o gando significa literalmente preparar al ganado para la noche: se encierra a los animales en el establo, se les echa hierba seca (xestas) para formar la cama, se les provee de forraje o comida, lo habitual. En sentido figurado, en Galicia decimos acomodar o gando, cuando las mujeres dejan a sus hijos cenados, en cama, y al marido también acomodado, es decir, con la intendencia doméstica solucionada porque tiene que salir. No digáis que no tiene su pullita la expresión).

Entré en el restaurante diez minutos antes de la hora. Lo vi frente a mí nada más atravesar el umbral. Literalmente me dio un vuelco el corazón. Creo que se  me dilataron hasta la pupilas. Y juraría que a él le pasó lo mismo, porque, no es ya que me reconociera, of course!, sino que pareció quedarse perplejo. Ya está ésta con sus fabulaciones. ¡Que te calles, coño! Uol  retrocedió. Sabe que si me cabreo puedo medirme con ella. Estaba sentado  a la barra, rodeado de amigos, algunos de pie. No había nadie de mi grupo y me fui a la otra esquina de la barra. Hacía una pequeña ele. Él giró la cabeza siguiéndome sin ningún disimulo. Me senté en un taburete, pedí una caña de 1906.  Un par de minutos después, dos de sus amigos giraron la cabeza hacia mí, ellos sí con disimulo. Pensé si él les habría comentado algo. ¡Anda ya!, explotó Uol. Son tíos. Ven a una mujer sola en una barra de bar y miran. Ni siquiera hace falta que estés buenorra, no te emociones.  Ya imagino, ya. Y gracias por el espejo.  Pero, sigue, sigue. Uol no se deja alcanzar por mis dardos. 


Yo ni siquiera saboreaba mi cerveza, como suele decirse unas me iban y otras me venían. ¡Anda que si un día publicase mis historias y me tuviesen que traducir a otros idiomas qué traballiño les daría a mis traductores con tanta frase hecha, dichos populares, jerga y expresiones coloquiales! ¿Pero a quién le iban a interesar tus relatos, tontiña? Claro, claro, si aún fuesen las tuyas, doña Uol, con tus conquistas y polvazos. Yo soy una dama y jamás contaría mis andanzas, Lou. Esta Uol siempre se sale con la suya.  A lo que iba, las miradas se cruzaron otra vez, y otra. Yo rezaba para que mis colegas se retrasasen. Sentada en aquel taburete no sabía qué hacer. Entonces él se levantó y le oí decir, se dirigía al camarero claro está, ponme un mencía, un Ladairo. ¿Cliente habitual? Entonces vi con sorpresa que cogía unas muletas.  Se dirigía al servicio.  


 Tenía un tobillo vendado, sin escayola, el pie al aire, sin calcetín. Pachanga futbolera de finde, ya te lo decía yo.  Ni me molesté en contestarle. El jersey se le subió un poco al apoyarse en las muletas, de ésas con apoyo en los antebrazos. Vi un poquito de su abdomen, así, lisito, con algo de vello, y salivé. Mi corazón tam tam tam tam llamando a Eros, llamando a Eros. ¿Qué hago, qué hago?  Uol ponía los ojos en blanco, harta de mi indecisión. Bebí otro trago y me armé de valor. Uol me miró con emoción. ¿Te marcaste un Uol?, me preguntó. Ni caso. Cuando regresó del baño me miró de nuevo, estaba en su trayectoria, y le pregunté con todo el morro. ¿Qué te ha pasado? Y él con toda naturalidad: rotura de ligamentos. Latoso, dije. Él se detuvo frente a mí y me lancé, perdona que te haya abordado así, pero es que tengo la sensación de conocerte de algo, me resultas familiar.  Sonrió tímidamente Pum Pum Pum. ¡Eeeh!!? ¿Le dijiste esa chorrada? Uol, la implacable. Entonces mi chico tímido me preguntó con la mirada algo baja ¿Le dices eso a todos los lesionados? No, respondí, sólo a los que tienen rizos, y ojos y nariz grandes. Se rió, algo ruborizado. ¿No creerás eso que dicen?, me preguntó. ¿Qué cosa? Que el tamaño de la nariz es proporcional a... otros tamaños. ¡Mira para el timidito!, se rió Uol. Déjame ver tu mano. Vaciló un segundo, pero se apoyó en el pie sano (¿cuál era el herido?, ay Dios, no recuerdo) y me la ofreció. La sujeté suavemente sobre mi palma. La amplitud de tu mano me dice que no iba a tener queja al respecto. Su carcajada brotó clara y espontánea. Me derretí allí mismo. Bueno, bueno, eso habría que verlo. Mi cara de boba respondió por mí. Pero en ese instante se abrió la puerta y entró la primera de mis colegas, toda sofocada, porque creía que llegaba la última. Era de las del sector gando. Él se retiró entonces a su lugar y yo me quedé mirándolo por encima del hombro de mi compañera, con una interrogación en la mirada, con una ilusión en el corazón. Él me devolvió la mirada y nació en mí una luz, una esperanza que... Olvídate, masculló Uol. Ya estás tú! Y tú con tus fantasías. Que te olvides, te digo. Es un tío, le dices eso y no te pide el número de teléfono ni una cita. Olvídate, está casado, tiene novia o es gay. Bueno, en los dos primeros casos hasta te pediría el teléfono, no te digo más. Uol y sus teorías. Oye, no todo el mundo es atrevido como tú. Yo no soy atrevida, veo la realidad, a todas horas, con todo el mundo. Estupideces. No era el momento, las circunstancias... La circunstancia es que le estabas ofreciendo tu cabeza en bandeja de plata y él se retiró a sus cuarteles de invierno, con sus amigotes, su pachanga traicionera  y su cerveza. Vino tinto. Lo que sea. Olvídate. No es para ti. En el mejor de los casos, es un indeciso.  No sé qué tiene Uol contra los indecisos que no los traga. Pero yo los comprendo muy bien.

Ni que decir tiene que me pasé la cena in albis, no me enteré de ná, ni siquiera cuando a los chupitos llegaron algunos jugosos cotilleos. Yo estaba con mi cojito bailando un agarrado de los de antes. Para bailes estaba él, el pata palo, ironizó Uol. Puta mierda, puta mierda, exploté yo. Esa boquita, Lou, me recrimió Uol.  Perdón, ya sabes que soy muy educada y con vocabulario más que extenso, pero no me digas que  para el caso, el registro vulgar es el más adecuado. Y fácil de comprender en su intenso matiz, se burló Uol concesiva.





Ay, amigos! ¿Qué pensáis de todo esto? Estoy que no vivo y Uol se burla de mí. ¿Es cierto que mi osada entrada en campo minado ha resultado en vano? ¿Crucé las líneas enemigas y sal los escollos sólo para descubrir que me pasé de frenada y vuelvo a estar en terreno neutral?

Uol

miércoles, 8 de junio de 2016

Quinto aniversario: Por sus hojas navego

Un lustro.
¡Quién lo diría!

Tic tac, tic tac.
Parece suficiente.
458



Lou Uol Free


JAROS DE BARRO

Por si el tiempo me arrastra
a playas desiertas,
hoy cierro yo el libro
de las horas muertas.

Hago pájaros de barro.
Hago pájaros de barro 

y los echo a volar. 

Por si el tiempo me arrastra
a playas desiertas,
hoy rechazo la bajeza
del abandono y la pena.
Ni una página en blanco más.
Siento el asombro de un transeúnte solitario.
En los mapas me pierdo.
Por sus hojas navego.
Ahora sopla el viento,
cuando el mar quedó lejos hace tiempo. 


Ya no subo la cuesta
que me lleva a tu casa.
Ya no duerme mi perro 

junto a tu candela.
En los vértices del tiempo 

anidan los sentimientos.
Hoy son pájaros de barro que quieren volar.
En los valles me pierdo,
en las carreteras duermo.
Ahora sopla el viento
cuando el mar quedó lejos hace tiempo, 

cuando no tengo barca, remos ni guitarra, 
cuando ya no canta el ruiseñor de la mañana.
Ahora sopla el viento,
cuando el mar quedó lejos hace tiempo.
En los valles me pierdo,
en las carreteras duermo.


Música:  Pájaros de barro by Ramón García. (2007)






jueves, 21 de abril de 2016

Escucha a tu corazón



Habréis escuchado, como yo, este consejo en múltiples películas, y no sé si en vuestras vidas, porque a mí nunca nadie me lo ha expresado así. Como mucho me han preguntado, ¿pero tú qué quieres hacer? ¿qué sientes?

Y ése es el problema. 

Haz caso a tu corazón, como si con eso el asunto estuviese arreglado.

Porque si en verdad hay gente que sabe escucharlo y le habla, si le dice qué debe hacer, entonces admiro a esa gente y hasta la envidio.

Porque yo escucho a mi corazón, juro que lo escucho, pero debe ser un tarambana, porque un día me dice olvídalo, no se preocupa por ti, sólo mira por su bien; mira cómo te hace sentir, no estás feliz casi nunca. Y lo escucho y su mensaje me parece diáfano como agua de manantial montañés. Pero al día siguiente mi corazón me dice, ay, recuerda cómo te mira, recuerda qué cosas te dice, recuerda cómo te sientes esplendorosa a su lado, recuerda tu capacidad de amar contra toda adversidad, recuerda que tu vida sigue siendo tuya a pesar de él, que sigues tu camino y que esos momentitos a su lado son impagables, después puedes regresar a tu vida. Y por lo mismo, no sé qué hacer. Haz caso a tu corazón, pero ¿a cuál? ¿al de ayer o al de hoy? ¿A lo que me dijo esta mañana o a lo que sentí hace una semana?


¡Ay!, esos protagonistas de las pelis tienen escrito en el guión -la amiga confidente, la madre consejera, el tío enrollado, el abuelo sabio- cariño, sé tu mismo (otra frase que tiene miga, sé tú mismo, ¿qué coño quiere decir eso? Para mí que salió del mismo libro de autoayuda), haz caso a tu corazón. Hay un dilema, una encrucijada, y hala, la frasecita de las narices, haz caso a tu corazón. Y como por arte de birlibirloque, el aconsejado SABE exactamente qué debe hacer. Por Dios, ¿CÓMO? Que me digan cómo lo hacen.

Mucho me temo que todo eso sea una falacia, un engaño, no se sabe si el sonriente y confiado personaje acertó, exactamente igual a no contar qué sucede después del THE END de las comedias románticas. ¿Funcionó? ¿Fue acertada la decisión? Las pelis nunca lo cuentan. 

Y yo aquí estoy, volviéndome turulata con las dudas de este mi loco corazón, tarambana vocacional, botarate insensato, ahora impetuoso, ahora compasivo. Esperando que alguien me explique cómo SABER, QUÉ hacer.
Uol

martes, 15 de marzo de 2016

La venganza



Yo nunca he podido vengarme. 

No, nunca he podido vengarme, porque al parecer la venganza se sirve en plato frío y a mí, pasado el calentón primigenio, me entra una apatía de no te menees. ¡Qué pérdida de tiempo planificar estrategias de venganza en lugar de vivir y mirar hacia delante! Que precisamente yo hable de mirar hacia delante ya sé que entra en contradicción con mis textos: estoy visitando y quién sabe si revisitando mi pasado una y otra vez (oye, y cada vez hay más pasado, ¿qué ha ocurrido?), pero que me muestre nostálgica con acontecimientos de mi vida es un síntoma de lo mucho que los disfruté, no de que no siga para adelante con optimismo. En todo caso, ya me entendéis.

Una puede sentir deseos de venganza, yo la que más, pero qué galbana cuando la ocasión surge años después, si es que ésta llega (que es casi nunca). Para mí la venganza tendría que ser rápida, inmediata, en medio del fragor del dolor aniquilador y la ira, a lo Paquita la del Barrio, sufre cabrón, arrástrate mamelón, ignorante, estúpido, mameluco, palurdo... (uf, qué desahogo, oye)


Yo, cuando pienso en venganza, casi siempre es en el plano amoroso. Ya veré si hablo de la venganza en otros ámbitos. Es que a mí ante ciertas injusticias me brota un rugido de venganza que me avergüenza un poco, porque es violenta y visceral, y tomaría la guadaña y el rayo exterminador y no quedaría títere con cabeza, y encima no castigaría con una muerte rápida, no, sino dolorosa y terrible, que les haga lamentarse hasta la eternidad y más allá del espantoso daño causado (violadores, pederastas, asesinos de sus mujeres, de sus hijos, asesinos en general con premeditación y alevosía, estafadores de ancianos o pobres, genocidas... la nómina es larga). La gente antes tenía el consuelo de la Justicia Divina, el Juicio Final,  y pensaban que estos seres pagarían entre las llamas del infierno. Pero a nosotros ni ese consuelo nos queda, así que me imagino de Superheroína distribuyendo y causando dolor a estos monstruos ya que no tienen conciencia y el acto de contrición no es posible. Ya sé que en estos casos hay que clamar por la Justicia, sí, ésa de los ojos vendados, en una mano la balanza y en la otra la espada. Pero ésa, amigos míos, nunca llega. Se ve que baja el paño que cubre sus ojos y no es imparcial, ve peculio en la balanza o yo qué sé. En un mundo civilizado hay que hablar de Justicia y no de Venganza. Pero es que no llega, no aparece por ninguna parte y me indigno. (Vaya, para no hablar de este ámbito ya lo he soltado todo, en fin. Menos mal que no soy jueza). Por suerte este sentimiento de violencia brutal nunca me ha surgido por desaires o penas de amor.


En el plano amoroso la venganza suprema es que esa persona que nos hizo daño queriendo o sin querer, se cruce de nuevo en nuestras vidas y nos cuente entre miradas avergonzadas y tristes que lamenta profundamente lo que nos hizo, que las cosas le han ido fatal, que no ha vuelto a sentir igual, que lo han abandonado, que está enfermo... uf, suma y sigue. Pero la verdad es que cuando esa persona se cruza en tu camino, que es casi nunca, no te dice nada de eso. A veces ni lo reconoces de lo cambiado que está, (¿Por qué los hombres en general envejecen tan mal?), y por supuesto no se lamenta de nada, te pregunta con una sonrisa -en el mejor de los casos (ellos sí nos reconocen aunque nosotras también hemos cambiado)-, qué tal te va, y ni remotamente se le nota arrepentimiento, penurias económicas ni enfermedad terminal. Y si alguno de esos supuestos fuese cierto, fingiría. Como estás fingiendo tú con sonrisa de dentífrico, muy bien, todo genial, qué alegría verte. Que, aunque malditas las ganas de sonreírle como si no recordaras lo mal que se portó, tampoco quieres traslucir rencor y que él se marche pensando pobre, todavía no lo ha superado. Aunque lo cierto es que ese hombre ni siquiera piensa que sigas acordándote de la putada, en realidad piensa, pero qué le pasa, qué malhumor, si eso fue hace taaaanto tiempo. El que rompe, se olvida en un plis. El doliente, lo es para siempre. 

No hablo por hablar. 
No hace mucho he tenido la oportunidad de saldar cuentas con un antiguo amor. Lo dejamos porque yo era muy joven (muy jóvenes los dos, yo sin estrenar la veintena)  y quería divertirme, disfrutar, estudiar, viajar, y él era un joven con mentalidad de viejo al que sólo le faltaba pedir una hipoteca para el piso. O eso creí yo entonces. Y aunque fue cosa de los dos, siempre te queda el run run de lo que podría haber sido y no fue. Yo lo recordaba con inmenso cariño, en ese proceso de idealización que tienes de la post-adolescencia. No le guardaba el más mínimo rencor. En realidad, amar, amé después, pero lo recordaba como el amor que no pudo ser. Nunca más lo había vuelto a ver. Y cuando lo vi, no lo reconocí. Ni remotamente. Era entonces un chico apenas tres o cuatro años mayor que yo, ahora un señor. Por supuesto, yo tampoco soy la misma. ¡Qué más quisiera! Él, caballero, no me dijo que no me había reconocido. Sugirió que la vida me había tratado muy bien en ese aspecto, mucho mejor que a él. ¡Ni duda cabe que era cierto!(Voy a barrer para casa, que no tengo abuela). Pero a lo que iba, risita va, risita viene, mas lo cierto es que tras varias charlas (no fue encuentro de acera) solté mis galgos. Y lo que son las cosas, su perspectiva (era previsible y no por ello menos sorprendente) nada tenía que ver con la mía. Eran dos historias distintas, con matices bien diferentes. La única coincidencia en ese reencuentro, que se cortó tan rápido como surgió, fue que los dos guardábamos buen recuerdo de aquellos días y que así debería haber quedado por los siglos de los siglos, amén. Y que con este reencuentro tan extemporáneo se jodió.  La venganza en plato frío es una puta mierda. Ya os lo digo alto y claro.

Diréis que el ejemplo no sirve, que en esa historia inconclusa no había venganza que saldar. Bueno, pero para el caso os hacéis una idea. Lo que quiero decir es que el dolor de entonces llega al presente como la luz de una estrella muerta, no es real. No sirve de nada. ¿Cómo lo sé? Porque me he colocado del otro lado. Yo también he hecho daño. Porque cuando le dices a alguien ya no quiero seguir, no me siento feliz a tu lado, haces daño. No lo olvidéis, que nos lamemos las heridas que nos provocan y disculpamos alegremente las que infringimos. Sí, es humano, pero no lo olvidemos. Así que me puse en el otro lado. Y cuando he notado que venían años después a saldar cuentas conmigo (una vez y sutilmente) he sentido un aburrimiento taaan graaande, tanta fatiga me dio, qué pereza, ¿aún con ésas a estas alturas...?, que pensé, ay Dios mío, eso es lo que les pasaría a Fulano y a Mengano si yo les fuese a reclamar. Y me dio vergüenza. Y pensé, qué puta mierda la venganza en plato frío. Lo repito.

Así que, amigas mías (que sois las que en general os quedáis con las ganas), sabed que yo soy partidaria de cantar las cuarenta en caliente y a las bravas. Desahogaros en el momento si os lo pide el cuerpo, soltad la bilis, que no se pudra dentro durante meses y años, cabronazo, así te quedes impotente de por vida, burro, ignorante, pasmao, mira que eres corto, ni borracho vas a volver a tener a alguien tan estupenda, maravillosa y sexy como yo, miserable lameculos, patán, mierdoso, te va a dejar por otro más rico, más joven y con mejor tranca, que siempre te he tenido que indicar cómo hacerlo, que eres corto hasta para aprender, so burro, feo, bastardo hijo de cabrón, que eres un desagradecido y un gañán, sólo te quiere para que la mantengas, ¿es que no ves que no te quiere?, pero qué palurdo eres, cateto, ojalá se te caiga la minga a cachos, presumido hijo de satán, de lo que me he librado, so analfabeto.


¡Uf, qué desahogo, qué bien se queda una! Y si después os avergüenza tal explosión, siempre podréis alegar locura verbal transitoria. Y la venganza, a tomar pol culo.

Uol