sábado, 4 de mayo de 2013

La estudiante y la silla



Era incómoda, rígida y dura, pero el examen estaba cerca y si se tumbaba en la cama sabía que acabaría deslizándose poco a poco hasta quedar dormida en la estrecha cama. Por eso se sentaba en la silla, frente a la diminuta mesa y cara a la pared, alejada de la ventana y la tentación del dulce sol que invitaba a tumbarse con un libro sobre el césped del campus, rodeada de cuasi adolescentes que se morrean sin pudor y beben botellines de cerveza sin intención de mitigar la sed o el calor.

Robert Hooke acuña la palabra “célula” en 1665 y en 1858 Rudolf Virchow afirmó que todas las células provienen de otras preexistentes.





Ayer también hizo propósito de estudiar toda la tarde, pero a las tres y media en punto el telefonillo alertó de la llegada de Nino, quien literalmente se la llevó en volandas hasta los jardines de la avenida das ciencias y allí ambos se descalzaron para sentir el cosquilleo de la hierba en las plantas de los pies, insensibilizados tras el duro invierno embutidos en calcetines y suelas de goma. Tumbados al sol, se enroscaron tiernos y apasionados, y la tarde se pasó en un tris. Nino y sus porros. Nino y sus cervezas. Y sus besos con sabor a porros y cervezas y a sol y a verdor. Nino se adormeció con los porros y las birras, pero ella se llevó a casa el calentón.

En todas las células existen, necesariamente, las siguientes estructuras:

  1. La membrana plasmática.
  2. El citoplasma.
  3. Los ribosomas.
  4. El material genético.

Hoy ha bajado la persiana, no quiere ver ni rastro del sol que invita a gandulear, y ha prohibido a Nino acercarse a casa. El flexo incide su foco sobre los folios, la letra de Irene es ilegible por veces, pero no puede quejarse, al menos se los ha dejado fotocopiar. Nino la ha arrastrado demasiadas veces fuera del aula.

  1. El citoplasma.
  2. Los ribo…
               Los ribosomas.

La silla de madera no recoge su espalda, es recta e incómoda, pero ella tiene que aprenderse el tema. Se inclina sobre el haz de luz.

La célula Procariota no posee “orgánulo” y carece también de envoltura que rodee el material genético.

Balancea su cuerpo hacia la mesa reteniendo en su memoria todos los datos. Aprieta los muslos de forma inconsciente y de pronto la siente, esa sensación de presión en su entrepierna, ese latido en la entrada de su vagina.

Suspira. Nino la ha dejado hambrienta ayer, él con sus porros se relaja, pero a ello eso le parece una pérdida de energías. Siente la presión en su coño. Pero no puede recrearse en su deseo, si se tumba en la cama está perdida.

Se arrellana en la silla, pero no encuentra acomodo.

La célula Eucariota presenta envoltura nuclear, tiene orgánulos especializados y… y…

Se toca por encima de la braga, está caliente. Lo hace a menudo cuando está sola, tocarse como hacen los niños, sólo para sentir que está ahí, a su merced.

La célula Eucariota presenta envoltura nuclear, tiene orgánulos especializados y… y… y... tiene varias partes: la membrana plasmática, la pared celular…


Introduce los dedos por dentro de la braga y el índice se apoya sobre el corazón para acariciar el clítoris, que parece esperarlos ansioso. Está húmeda. Siente cómo le sube el calor a la cara.

…la  pared celular, el citosol, el núcleo…



Cierra los ojos levemente e intenta memorizar mientras sus dedos masajean con decisión y fuerza su carnosidad creciente. Mueve su trasero suavemente sobre la silla, en un movimiento ascendente aunque no se separa del asiento.

…el citosol… el citosol… el citosol…

Echa la cabeza atrás, pero se le descuelga y la regresa a su posición sobre el cuello; los ojos cerrados ya, se concentra en los movimientos concéntricos de su dedo corazón sobre el clítoris hinchado. Sus fluidos empapan sus dedos y ella los unta entre sus muslos, que aprieta, e intenta recordar el tema pero se queda atrapada en la última frase.

…la  pared celular, el citosol, el núcleo… …la  pared celular, el citosol, el núcleo…

Estira las piernas hasta que tocan el rodapié bajo la mesa, tensa las puntas de los pies que parecen estar conectados con las paredes carnosas de su clítoris del que sólo sobresale su botoncito amado; no ha cambiado de posición, no se ha despojado de la ropa, sólo se toca, cada vez más rápido y más fuerte. Está tan excitada que sabe que se correrá en cuanto quiera, en cuanto apriete con fuerza sus paredes internas, pero los relaja, se recrea en la sensación. Sus sienes están perladas de sudor y la piel le arde. Los dedos de sus pies apuntan ahora al techo. Tengo que estudiar, tengo que estudiar, piensa. Tensa de nuevo las puntas de los pies, encogiendo los dedos sobre si mismos, y eso provoca un latigazo en su clítoris, aprieta con fuerza las paredes internas de la vagina, frota con fuerza. Más, más, ya…ya… El orgasmo estalla recorriendo su médula y alcanzado su boca, que lo silencia: al lado estudian Paula y Sara. Su pelvis se alza, se contonea, mientras sus dedos se introducen, ahora sí, en su coño latiente. Apoya la cabeza al lado del flexo, que la ciega y casi quema.


Dos minutos, tres, saca la mano, se olisquea los dedos, la braga vuelve al sitio.

Ya puede proseguir.

La célula Eucariota presenta envoltura nuclear, tiene orgánulos especializados y varias partes: la membrana plasmática, la pared celular, el citosol, el núcleo y orgánulos limitados por membranas.

Sale del cuarto apenas iluminado. En la cocina se lava las manos y bebe un vaso de agua.

Le late el coño. Sonríe.

Uol

martes, 30 de abril de 2013

Palabras



Nadie.
Nadie podría decirme las frases más hermosas
que las contenidas en su silencio. 
Nadie.

Nada podría explicarme mejor sus sentimientos
que su mano abierta buscando mi cintura.
Nada.

Nadie podría escribir versos más hermosos
que los tejidos en su silencio.
Nadie.

Pero yo soy una cazadora de palabras.
Y las necesito para respirar. 
Y si no las escucho, me ahogo. 
He aquí la absurda contradicción: 
la más falsa de las palabras serena
mi espíritu, algo que un silencio 
preñado de sentimientos no consigue hacer.

Porque las palabras retumbarán 
en mis oídos mucho tiempo después 
de que él se haya ido; yo las modularé, 
las transformaré. Inventaré verdades,
recordaré mentiras. Pero el silencio...
El silencio es un agujero negro 
que todo se lo traga. 

Y después del silencio 
no queda nada.

Y la nada es la muerte.
Y la muerte es el vacío,
y el vacío asusta
porque lo puede contener todo. 

 Uol                                        
                                          

viernes, 26 de abril de 2013

El gen celta

Cristina Castaño, María Castro, Miryam Gallego y María Vázquez (de izq.-dcha. y de arriba a abajo)

Uol

lunes, 22 de abril de 2013

Pasos

Pasos.
A veces me conducen justo a donde no quiero, al límite de la resistencia, la negación y el silencio. Pero en otras ocasiones conocen exactamente el sendero de mi deseo y, aunque yo me negara, allí acabaría yendo, pues mis pasos obedecen a órdenes internas que ni yo misma pienso.

Uno tras otro, lentos e inseguros, o rápidos y decididos, me han traído hasta aquí; y lo que ahora soy se lo debo a ellos, creo.

Ignoro el camino de mañana: sendero de hojarasca, empedrado villano o descarnado cemento.
Asfalto y tierra. Humedad y sequía. Hierba y grava. Pedregal y desierto. 
Por todos he ido y a todos quiero.

Pasos que marcan mi vida, ¡llevadme una vez más al cielo!


uolylou.




miércoles, 17 de abril de 2013

Tiempo


        Hay otro tiempo detrás de este tiempo, un tiempo que me pesa como una losa, que me aplasta, que me limita. Un tiempo anterior a mí y que, sin embargo, me condiciona, me amilana, me retrae, me retuerce, me pisotea y aplana.

Hubo un tiempo anterior, un tiempo donde todo era posible, donde la muerte no existía, donde no había decepción. ¿Lo hubo? En realidad en ese tiempo sí hubo temor en todas las esquinas, la niña de la imaginación desbordada  que temía al nido de víboras  que se escondía bajo su cama; la niña que veía una cara en cada mancha del techo; la niña que soñaba que caía por un cielo lleno de algas. ¿Acaso ese tiempo anterior no contenía el horror de las sombras? ¿Acaso no escuchaba la respiración de mi corazón, los latidos en mi boca?

Quizás nunca hubo un tiempo anterior a este tiempo. Quizás siempre fue oscuro y sólo ellos iluminaban la oscuridad que nadie más sentía. 

Hubo un tiempo, no obstante, donde el miedo no existía; era una palabra vacía de significado. Sí, lo hubo, pero no fue la infancia: fue la adolescencia, llena de sueños, de metas, de furias, de rabias, de posibilidades lejanas. Fue ese período que nunca acaba, atravesar sin agua el desierto de la incertidumbre y no tener sed, airada y hermética, frágil y poderosa, osada. Ese tiempo de demora, ese tiempo de tránsito, impaciente espera. Acaso el tiempo de la oscura luz brillante. Sin miedos, sin temores, con esperanza. Un tiempo que no avanzaba, que no se acababa, interminable, y que, sin embargo,  no duró apenas nada.

Hubo, creo, otro tiempo alegre y luminoso. El tiempo de los amores alegres, sin metas, sin más ansias que saciar los deseos de cuerpos y almas; de apetencias de risas y abrazos; de paseos de la mano y madrugadas interminables; días de perpetuas miradas, infinitas ansias.

También ese tiempo pasó. Negros nubarrones invadieron todo despertándome de un sueño amable y placentero, acaso feliz.

Hubo un tiempo anterior a este tiempo. ¿Lo hubo?

Siento que retorno a aquellos días lejanos. Cuando una sombra me asaltaba tras cada piedra, tras cada muro, tras cada esquina.

No hubo otro tiempo, no, siempre es el mismo el que nos acompaña.

Uol

Música: Time, by Kroke.



sábado, 13 de abril de 2013

La pregunta XXX


 Entre amigas:
-¿Y qué tal te fue con él?
-Nunca debió presentarse a ese cásting.

lunes, 8 de abril de 2013

El beso de la lamprea


Fue un beso tóxico.

Te ofrecí, generosa, mi boca. Y tomaste mi sangre, mi médula: te alimentaste. 

Te adheriste a mí y me chupaste la sangre, mis líquidos vitales, mis humores más íntimos e incondicionales.  

Tardé en percatarme y para entonces era tarde: eras mi rémora, ventosa que filtraba mis sentimientos, que condicionaba el talante con el que me levantaba en las mañanas grises y me acostaba en las pétreas noches; tus dientes hincados en mi cuello tomaban lo mejor de mí y me dejaban sin fuerzas, desfallecida y anémica; ineficaz menesterosa pedigüeña de gestos, de caricias inermes y de besos espléndidos. 

Fue un beso tóxico el que nos unió. Como el de la lamprea.


 
El beso de la lamprea









El beso de la lamprea