sábado, 19 de diciembre de 2015

Cadáveres que caminan

Cadáveres que caminan


Nos paseamos por ahí tan ufanos, tan pagados de nosotros mismos, tan autosuficientes, creyendo que tenemos derecho a aniquilar la tierra que pisamos; sin darnos cuenta, en nuestra arrogante soberbia, que bajo la piel que nos cubre no somos sino cadáveres que caminan.

Uol

lunes, 14 de diciembre de 2015

La estirpe de los tristes




Las calles son testigos de mi sonrisa. Los ojos prestos, susceptibles a la viveza que me rodea y trasmito. Me piensan optimista, enérgica. Me ven ocupada, vital, llevando a cabo planes elaborados, quejándome a veces de las ocupaciones que me impiden cumplir otros acaso más placenteros. Bailo, río. Voy de acá para allá. No parezco de las que se aburren o no tienen nada que decir. 

No saben que cuando llego a casa y me despojo de ropajes y tacones, cuando me refugio en la penumbra, puedo por fin sentarme a escribir y dejar que salgan las palabras del club de los tristes. Palabras desgarradas, sentimientos de zozobra, decepción e incertidumbre. Una a una desgrano mi escritura en el cuarto oscuro, letras turbias, heridas, dolientes, todas pertenecientes a la estirpe de los tristes a la que pertenezco.

Uol

miércoles, 9 de diciembre de 2015

La letra





Nos escribíamos mucho. Sucesos del día a día, futuros planes o encuentros, disgustos, ardientes cochinadas... Y un día pusimos letras que no tuvieron vuelta atrás.
¿Duró lo justo y necesario? Creo que no. 

Pero entonces, en el devenir de los días y sobre todo de las tardes en las que le echaba de menos, o echaba de menos a la mujer vital y optimista en la que me convertía a su lado, entonces, como digo, me di de bruces con una verdad aterradora: 

No conocía su letra.

Ya nunca mi corazón se desbocaría al reconocer su caligrafía con mi nombre escrito en un sobre anodino.  Nunca temblaría imaginando su contenido, las palabras de amor o de pasión, acaso de añoranza. Eso no sucedería.

Era la primera vez en mi vida que no conocía su letra.

Uol

viernes, 4 de diciembre de 2015

Trepar a cubierta


Anclado en el horizonte,
como una palmera
que le ha nacido al mar,
un barco en llamas
que nunca se consume
me espera:
me lleva esperando
desde siempre.

Algún día soltaré el lastre
de este dolor tan firme
como la tierra
donde me hundo.
Algún día,
quizá alguna noche,
sabré descoser
los pespuntes de miedo
de mi vestido
y nadaré desnuda hasta él.

El sueño vencido
de las algas
en la guerra de las mareas
guiará mi camino.

El sueño rebelde
de la tripulación de mi deseo
me tenderá la escala
para trepar a cubierta.
 

Almudena Guzmán: El príncipe rojo. Hiperión, 2005.(Premio Internacional de Poesía Claudio Rodríguez)