sábado, 26 de julio de 2014

Rojo

Simply Red

Detenida en un semáforo, vi por el retrovisor que el conductor de atrás me miraba con la boca abierta.

Lo que él no sabía es que en el habitáculo en el que viajo encerrada sonaba mi rojo favorito, y mis saltos sobre el asiento con los brazos al aire tenían cabal justificación.


Uol

miércoles, 23 de julio de 2014

El zapato

-¡Dios, hacía un lustro que no me pasaba tal cosa, unos ojos enredados en los míos con esa intensidad!
-¿Y...?
-Y nada. Como Cenicienta pero al revés, se fue del pub a medianoche y no creo que volvamos a coincidir.
-Tendrás que dar a probar el zapato...
-¡Si lo hubiese dejado...!
Uol

sábado, 19 de julio de 2014

Estampida


―Pero, ¿por qué?
―Siempre tuve la sensación de que me faltaba algo que estaba en otra parte.

Uol

 Estampida: s. f. Huida repentina de un pájaro u otro animal.

martes, 15 de julio de 2014

Los amantes del campo


Conozco a muchas personas de ciudad que dicen amar el campo. Son aquellas que reforman una casita semiabandonada (que rastrearon y localizaron gracias a algún pariente de un conocido o paseando en coche por la zona) y la llenan de cachivaches rescatados de trasteros, pajares y bodegas abandonados. 


Son esas personas que telefonean el miércoles a doña Silvina diciéndole que el viernes van a ir, que haga el favor de airear la casa y de paso comprar dos quilos de carne para el churrasco y unos chorizos en la carnicería del pueblo cercano y se los dejen en la nevera, que ya ellos le pagan después. Son los mismos que contratan a un jubilado aburrido para que les riegue el césped y compre en algún sitio de confianza estiércol de vaca, todo orgánico, nada de vete tú a saber qué. Son los mismos que le preguntan por el vivero de plantas, y el jubilado feliz les cultiva las rosas, les planta algún arbolito, les aconseja sobre las lechugas y les regala los tomateros. Don Severino, déjenos dos carretillas de leña en el alpendre y de paso, échele un vistazo a los tomates, que no sé qué pasa que no crecen.  Y después la señora hace fotos de las rosas, de los tomates y los cuelga en facebook presumiendo de sus logros de jardinería y horticultura. Mirad qué rosa Grandiflora he logrado en mi jardín¸ mirad mis tomates, dan ganas de comérselos, ¿no? con aceite de oliva de primera prensada en frío, lo consigo en el salón gourmet del Corte Inglés. 

Los amantes del campo compran muebles de jardín y se hacen construir un porche hacia poniente para ver las puestas de sol. Algunos hasta deciden instalar un gallinero si el terreno es grande y pueden alejarlo de la casa, ya doña Silvina les dará de comer, y la señora les dice a sus amigas huevos de corral, enormes, y las gallinas sólo comen vegetales, nada de piensos

Los amantes del campo no van a su casita si arrecia el temporal, si el regato se desborda, si el viento arranca las tejas, si el incendio del estío sitia la casita, ya don Severino, el jubilado-capataz-feliz, arreglará los desperfectos. Y si es mucho el gasto, para eso está el seguro. 

Los capitalinos amantes del campo dicen que en los pueblos se come muy bien, que cuando te invitan siempre hay jamón y chorizo en la bodega, quesos sabrosos y pan de centeno. Se ve que piensan que aparecen por arte de birlibirloque en esas bodegas, no han criado y cebado el puerco, no han hecho la matanza, no han salado los jamones, no han ordeñado vacas, ovejas o cabras día sí, día también, sin festivos ni domingos ni vacaciones ni puentes, las ubres a reventar, no se pueden dejar para más tarde; no han madrugado al alba, las manos ateridas sobre el azadón, no han cavado, sembrado, abonado, arrancado hierbas, rastrillado, regado. Sin descanso. Y un día cae piedra, hay helada, el sol agosta la cosecha, o viene una peste, una plaga (las posibilidades son infinitas) y la ganancia se va al arroyo, alehop, desaparece. Y miras al cielo. Y vuelves a empezar día tras día día tras día día tras día. Pero los amantes del campo siempre tienen jamón y queso en la bodega, ya se encarga alguien de comprarlos a un vecino o en una tienda especializada de la ciudad (son de un pueblo cercano, productos artesanos de lo mejorcito), que para eso sirve la pasta. No han visto que en el campo no hay guarderías, que no hay Centros de Salud, que las farmacias cierran, que las sucursales bancarias se trasladan veinte quilómetros y los septuagenarios que ya no conducen deben contratar un taxi que los lleve a buscar las medicinas y retirar dinero para un mes, lo que los pone para más inri en el punto de mira de asaltantes de variado pelaje.  No ven que los coches de línea suspenden los trayectos por escaso beneficio, que las escuelas cierran por falta de niños, que no hay Centros de Día para los enfermos de alzheimer y otras dolencias inherentes a la provecta edad de sus habitantes, ni personas que atiendan por horas a ancianos solos, que les limpien la casa, que les preparen la comida, que les ayuden a cubrir documentos que ahora sólo pueden presentar por internet. No ven que la propia señal de internet no llega, que hay zonas de sombra para los teléfonos móviles, que a veces la señal de televisión es mala y se va y la culpa siempre es de las antenas. Claro que si vives y trabajas en la ciudad ¿para qué quieres todo eso? La señora y el señor urbanos quieren desconectar en el rural. Por eso no entienden que a alguien no le guste el campo, una aberración si además eres natural de un pueblo. ¿Cómo puede no gustarte el campo si los paisanos siempre tienen queso y jamón, si el aire es puro, no hay ruido y les compras verduras biológicas a los paletos por cuatro duros?


Uol

viernes, 11 de julio de 2014

¿Qué nos pasó?


Noche estrellada enfilando el puente hacia la avenida Costa de la Luz. El sol en la piel y el alcohol en el alma, atesorando recuerdos para un día como hoy, como ayer. 
Arena en los pies, sal en los dedos.
Recuerdos de ayer. Y OBK resonando en la cálida madrugada.


 
Eterna canción

 
Es tan dura la verdad,
que impide respirar.
En tu cruz caben dos
y a mí llamarte se me olvidó.
Mi vida es el telón
de un teatro sin función.
Mi mente arrastra palabras
que ya nunca pronunciaré.
Delirios de amor,
no puedo crecer con este dolor.
Olvídame, dijo tu voz.
Olvídame... Eterna canción. 


Me he perdido una vez más,
de tanto recordar,
de no encontrar la respuesta a la pregunta
¿qué nos pasó?
Ya vivo de ese adiós,
que el alma parte en dos.
Ahogándome en la tristeza de ahora
verme sin tu querer.
Delirios de amor,
no puedo crecer con este dolor.
Olvídame, dijo tu voz.
Olvídame... Eterna canción


OBK: Eterna canción del álbum Antropop (2000)

lunes, 7 de julio de 2014

Fuente


FUENTE

¿Olvida una fuente
que fue fuente?
¿Olvida que lo ha sido
aunque ya no vayan a beber
a su chorro
los pajarillos?

¿Deja de ser fuente
sólo porque al caño
ya no acerquen
los hombres su cantarillo?

¿Acaso no es y será
siempre fuente,
surtidor y manantial,
poza y hontanar?

Sabe la fuente que lo es,
aunque los demás sólo vean
su piedra oscura,
el pasado  moho que otrora
recubría su brocal hoy seco;
aunque digan "es septiembre
y se ha secado la fuente
tras el verano ardiente".

La fuente no olvida
que lo es;
ufana y satisfecha, recuerda.
Sabe que las aguas discurren
allá dentro por siempre.
Porque ha nacido para ser fuente.
Y lo es,
incluso a su pesar. 

Uol 
 
Fuente

jueves, 3 de julio de 2014

La sala de espera

Estaba allí desde que tuve uso de razón. En la pared de la sala de espera. Aquella ilustración inquietante.

El médico y la Muerte
 Al principio lo que me llamó la atención no fue la mujer desnuda en medio del cuadro sino el esqueleto que intentaba arrebatarla de los brazos de aquel hombre, un hombre vestido de blanco. Yo me quedaba ensimismada ante él, tirando de mis coletas y retorciéndolas hasta que mamá me arrastraba a la consulta para ponerme alguna vacuna o por una medicina para mis catarros, mis mocos o mi garganta inflamada.

Pero a los seis años, cuando mi hermano (el que me precede)  y yo estábamos en la sala de espera de don Enrique, flipados por la fiebre y los picores, ya tenía yo pudor, y me daba como vergüenza mirar a la mujer desnuda, me producía una dulce laxitud que no sabía explicar, y al tiempo no podía dejar de observarla, de contemplar a aquella mujer doliente que se asía a los hombros del doctor, porque ya sabía que era un médico aquel hombre vestido de blanco. Y el esqueleto le disputaba la pieza. Mamá me vio mirando y aquella vez me atreví y le pregunté:

―¿Por qué está desnuda?

Ella miró el cuadro.  Mi hermano se sonrojó hasta las orejas.

―Representa a la Enfermedad. Quizás por eso aparezca en figura de mujer. Y el esqueleto, bueno... es la Muerte. ¿Comprendes lo que significa?

Yo lo comprendía. Asentí.

―Ella está malita y el médico la quiere curar, pero ¿por qué la Muerte no quiere que se cure?

Creo que mamá no quería contarme esa parte, y por suerte para ella saltó mi hermano, que ya sabéis que es casi seis años mayor que yo.

―Porque todos nos vamos a morir.

―¿Cuándo?

―Cuando nos toque―respondió rascándose y mirándome con inquina, creo que me culpaba de la varicela, él que se había librado del contagio de todas las enfermedades infantiles por las que pasaron mis hermanos mayores.

Mamá intervino.

―Lo que la imagen comunica es que la medicina puede salvarnos de las garr... de que nos muramos antes de tiempo, por eso venimos al médico, para curarnos.

―¿Y el médico nos va a curar ahora y la muerte ya no nos llevará? ―yo también me rascaba y mamá me apartaba las manos.

―¡Que no nos vamos a morir, boba!―mi hermano se reía, pero mi madre lo miró ceñuda haciéndolo callar.

―Claro, y tienes que tomarte las medicinas que te mande don Enrique.

A mí todo aquello me turbaba.

―¿Pero por qué está desnuda?

Mamá suspiró y miró a hurtadillas la puerta de la consulta de don Enrique, pero seguía cerrada. Mateo también parecía aguardar su respuesta.

―Porque... ante la Muerte estamos desnudos, nada nos llevamos, ni ropa, ni dinero, ni joyas... sólo las buenas obras. Y en la enfermedad... pues igual, estamos desvalidos, y eso es lo que se quiere mostrar a través de la mujer desnuda.

―¿Y por qué no aparece un hombre desnudo?―pregunté, mi hermano se descojonaba.

―Ya te lo he dicho, la enfermedad es una palabra femenina y  por eso la representa una mujer. Ya lo comprenderás cuando seas mayor.―Mi madre ya se había rendido.

―Yo tampoco lo entiendo ―mi hermano Mateo siempre fue un pillo―. ¿Por qué no aparece ahí un tío en bolas? Uolcita tiene derecho a ver a un hombre en hoja de parra.

―Tú a callar, y pasa ya adentro ―la puerta se había abierto y salía doña Vicenta con una bolsa vacía, le habría llevado de nuevo longanizas a don Enrique―, que ya te daré yo después, pasa, anda, pasa, que las vas a llevar...―Mateo se reía y me guiñaba un ojo.

Yo no entendía por qué se enfadaba mamá. ¿Qué tenía de malo ver a un hombre desnudo si ya estaba harta de ver a mis hermanos sin ropa?

A mí el desnudo me daba igual, yo veía a veces a mamá. Pero el esqueleto... el esqueleto se quería llevar con él a la mujer. Y ella no quería, bien se veía que se agarraba al doctor. ¿Por qué se la tenía que llevar? Era joven y guapa, no una viejecita que se tuviese que morir.


El cuadro del doctor y la muerte me acompañó  durante toda la infancia en mis visitas a don Enrique, hasta que se reformó el edificio y el cuadro desapareció de la sala de espera. Pero para entonces yo ya vivía lejos, don Enrique se había jubilado y mis hermanos ya hacía tiempo que no andaban en pelotas por casa.

Uol

(El cuadro que acompaña este texto es idéntico al que yo veía de niña, sólo que aquel era en blanco y negro -imagino que sería un carboncillo-, lo que le daba un aire más tétrico a la imagen)