lunes, 7 de octubre de 2013

Monólogo







¡Qué a gustito estoy! Aquí, tranquilito, puro relax, el sol calienta lo justito para no molestar. Y el agua está fresquita, pero no fría, fría no me gusta. Y siento un cosquilleo tan grato aquí tumbado, desperezándome, ora estirándome un poquito ora sumergiéndome en el agua salada, que esta piscina es de agua salada, no vive mal el tipo, ora reflotando para sentir el sol. Ah... qué vidorra si durase, pero ya sé que esto es excepcional, que me deja estar así porque sólo son unos días y de prestado. Después volveré a andar apretado, encerrado y asfixiado todo el invierno, con lo bien que se está así sueltito, me pasaría la vida espatarrado al sol. Pero, claro, éste quiere que curre. Y bueno, mi trabajo me gusta, pero, claro, no siempre es grato, porque el jefe tiene unos horarios un poco caóticos. A veces yo estoy en disposición y a pleno rendimiento, centrado, con las ideas claras y nada, que al final no se hace el trabajo previsto. Y me quedo ¿cómo diría? Chafado, confuso, ¿qué hago con toda la preparación disponible? En ocasiones ha sido todo un dosier, todo el día pensando en cómo llevarlo a cabo dignamente y de repente, sin saber muy bien por qué, se decide que no, que se deja para mejor ocasión. Sudo, sudo decepcionado. Pero el jefe es así, y en cambio otras veces y sin previo aviso, allá que me llama a unas horas intempestivas y decide que para YA, y YA es YA, tengo que salir a cien y cumplir con las expectativas sin planificación previa ni memorándums. Bien es cierto que suelo solventar el asunto sin mayor problema, porque, aquí entre nosotros, casi siempre los trabajos son repetitivos; sí, es cierto, tras las sorpresas y sustos iniciales en mis comienzos, después ha sido todo más o menos lo mismo: veo el panorama, me concentro en cómo abordar el asunto, ¡y a echarle huevos!, no hay otra. Acabo exhausto y pringoso de tanto esfuerzo, pero en fin, al jefe le da lo mismo que no haya hecho un examen previo y unas valoraciones de las posibilidades de abordar felizmente el asunto, él lo que quiere es resolución, RE-SO-LU-CIÓN y es lo que le doy. Esto no me salva de llevar algún susto, que he pensado en alguna ocasión que no podría rematar la faena, ¡que a veces son unas horas!, y uno está agotado y  a él se le ocurre volver a llamarme cuando apenas acabo de descansar, es un tirano mi jefe. Que yo siempre le digo que despacito y con estilo quedamos mejor, pero él, que nanay y ¡hala! ya me veo a toda pastilla; es de la vieja escuela, todo son prisas y rapidez y meneos y golpes, en fin, menos mal que después se queda relajadito y no me da la lata. Aunque ya le he avisado: si sigue sin atender a mis indicaciones, un día de éstos me pondré en huelga y allá él. Ji ji, esto le acojona, cada vez que amenazo con la huelga de miembros caídos, le entra el canguelo, pero le está bien empleado por explotador e impetuoso, siempre currar cuando a él le da la real gana ¿y yo qué? Yo también tengo momentos de esparcimiento propios y le digo, mira, creo que allí hay posibilidades de expansión, pero el señorito dice que no, que él no mete su capital en esa empresa, que no da el nivel, pero ¿qué sabrá él? ¡Si el entendido en fusiones y adquisiciones soy yo! Y yo sé lo que hace elevar la cotización del capital y subir la bolsa, pero el tipo erre que erre, que ahí no. Ahí no y allá sí, y a veces se equivoca, que yo se lo digo, que te equivocas, que esa empresa es todo fachada y no hay lo que tiene que haber, que el que sabe de fusiones soy yo, pero nada, no me hace caso, es un figuras, el jefe éste. Bueno, y así a veces pasa lo que pasa, que la bolsa no sube y se hunde con todo el equipo, menos mal que estoy yo para salvar los muebles mínimamente y se lo digo, que aquella otra empresa era un filón, pero él no lo ve, no se deja guiar por mi instinto, no hay que hacer, lo he comprobado, se ciega, se ciega igual que por la propietaria de esta piscina, que es muy mona, la piscina digo, pero ella a mí no me hace subir la cotización y él se cabrea, que tienes que cumplir me susurra, que nos jugamos mucho, que te espabiles, ¡joder, que parece el Arturo Fernández, será borrego! Y a mí qué, ¿quién le ha mandado meter su capital en esta chabola por muy de marca que sea? Que a mí me da igual la piscina y la choza, que el éxito de este mercado se valora en otras cosas, pero nada, no consigo que lo entienda, allá él, si no invierte bien ahora, ya verá cuando su empresa pierda valor en el mercado, que yo no voy a estar para arreglarle todo a última hora, que me pienso jubilar. Pero es muy burro y no hay manera. Ya aprenderá, ya. 
¡Ay, qué a gustito estoy! Literalmente tocándome los huevos, a ver si el jefe los rasca un poco y me acaricia de paso el glande, que me lo merezco.

Uol

jueves, 3 de octubre de 2013

Distorsión

Difícilmente nos vamos a poner de acuerdo si desde un lado se ven las cosas así:


y del otro así:


cuando en realidad casi siempre es así:








o así:


Distorsión: s.f. (Del lat. tardío distorsĭo, -ōnis). Acción de torcer o desequilibrar la disposición de figuras en general o de presentar o interpretar hechos, intenciones, etc., deformándolos de modo intencionado. Falseamiento.

lunes, 30 de septiembre de 2013

Chove en Santiago

Chove en Santiago de Compostela, Galicia, España.


 

Chove en Santiago,
meu doce amor,
camelia branca do ar
brila entebrecida ao sol.

Chove en Santiago
na noite escura.
Herbas de prata e sono
cobren a baleira lúa.

Olla a choiva pola rúa,
laio de pedra e cristal.
Olla no vento esvaído
soma e cinza do teu mar.

Soma e cinza do teu mar,
Santiago, lonxe do sol;
agua da mañá anterga
trema no meu corazón.


Luar na Lubre: Cabo do mundo (1999). Versión del Madrigal á cibdade de Santiago (1935) que escribió el poeta Federico García Lorca (es uno de los seis poemas que escribió en gallego).


Traducción al castellano:

Llueve en Santiago,
mi dulce amor,
camelia blanca del aire
brilla entre tinieblas al sol.
 

Llueve en Santiago 
en la noche oscura.
Hierbas de plata y sueño
cubren la vacía luna.
 

Mira la lluvia por la calle,
lamento de piedra y cristal. 

Mira en el viento desvanecido
sombra y ceniza de tu mar.

Sombra y ceniza de tu mar,
Santiago, lejos del sol;
agua de la mañana antigua
tiembla en mi corazón.



Santiago de Compostela,Galicia, España.

Chove en Santiago e chove no meu corazón.
Uol


sábado, 28 de septiembre de 2013

martes, 24 de septiembre de 2013

Una mano

Mano tendida


Música: Hope There's someone By Antony And The Johnsons.


 


Una mano. Tengo miedo. Sólo quiero una mano. Una mano en la oscuridad. Una mano para cruzar al otro lado. ¿Por qué ocultar que tengo miedo? Tengo miedo de seguir la senda que un día elegí (¿Lo pensé? ¿Lo medité? Quizás entonces fuese lo mejor, lo que me amparó, lo que me liberó). Lo que me salvó ahora me lastra. Y arrastro cadenas, heridos mis tobillos, empujada al fondo del lago por este peso que no me deja respirar: el de mis elecciones.

Elegir. Elegir. Dilemas.

¿Debe uno ser fiel a sus elecciones?

Una mano. Una mano para cruzar al otro lado. Temo perderme. Dejaré que me ayudes a cruzar. Me dejaré cuidar. Y te cuidaré.

Espantar fantasmas. Acorralarlos al pie de la cama gracias a una mano en la oscuridad: tu mano.


Uol

Video subtitulado en español: Hope There's Someone, by Antony and The Johnsons.


viernes, 20 de septiembre de 2013

Conformidad


- Es la única oportunidad que tengo de tocar un paquete.


Conformidad: s.f.: tolerancia y paciencia en las adversidades; resignación.

Uol

lunes, 16 de septiembre de 2013

Estaciones




      Después del invierno llegó el verano. No, no hay ya primavera para mí.  Después del oscuro, frío, pero -¡ay!- hermoso invierno con sus colores ocres, dorados, verdes, marrones, rojizos tonos, llegó un verano inesperadamente tórrido, todo calor y zumbidos, todo verde oscuro y sudor. Luz cegadora e indolente poltrona, brillo efímero, todo fulgor. Pero pasó como un rayo, estruendoso como un relámpago. Tormenta seca. Pasó.

Llega de nuevo el invierno, tú lo sabes, lo hueles, lo sientes en los huesos. No, no hay otoño para mí. Primeras lluvias que desatan el olor de la tierra mojada. Lo percibes. Igual que percibías el olor de la noche, allá en tu primavera. Nadie lo entiende. Pero al rayar el alba, tú con los ojitos aún somnolientos y tu maletita a cuestas por el camino de tierra, sentías el aroma de la noche que se despedía saludando a la aurora, alborada amiga que le daba la mano. Añoras ese aroma: el de la noche besando al alba.

Hubo después muchas otras noches, ya no de partida, sino regresando a casa, mas las piedras húmedas huelen distinto; para ti aquel aroma se perdió como la primavera soñada.

Ya es invierno de nuevo, se repite el ciclo, inclemente y despiadado. Te consuela su belleza, porque sí, existe una melancólica belleza en lo que ya fue e, incluso a tu pesar, en lo que pudo ser y no fue.

Uol

Vídeos de Uolylou: