domingo, 1 de diciembre de 2024

Silencio no val


SILENCIO NO VAL
Vexo desde a ventá unha ducia de chemineas a botar fume. Lembro o dito galego: casa fumegando, casa habitando. Certo que hai xente vivindo nesas casas, pero non se aprecia unha alma polas rúas, pola estrada. Que sucederá dentro desas casas nesta mañá de domingo invernal? Os velliños vendo a Santa Misa que retransmiten pola TV; a muller maior da casa preparando as viandas, que é domingo e sempre se pon na mesa algo máis elaborado, que pola semana non hai tempo, que hai que saír pitando no coche para ir traballar na cidade. O home, sabe Deus!, seguro que no único bar da aldea, xa botando un viño a 2 euros e pico, como encareceu a vida! Hai nenos? Se hai algún (en singular) estará co móbil ou coa tableta buscado palabras sucias, aínda que non lle fai falta, xa lle saltan os espantosos vídeos por non sei que cousa dos algorritmos. As casas, aínda que alberguen vidas, están en silencio, cada un no seu cuarto, ou todos xuntos pero sen falar, cadaquén coa vista posta nun aparello que solta unha luz azulada que nos deslumbra, que nos hipnotiza, que nos aparva e aílla.

Miro pola fiestra, a xanela, a ventá. Vexo chemineas fumegando, porque pese a que haxa calefacción de gasoil ou de pellets, aquí tense lareira ou cociña de ferro, a vella bilbaína, e préndese o lume no inverno, non se diga que non é casa habitada. Ninguén observa a fermosa paisaxe, árbores agochadas entre veos de néboa e brétema.

Eu miro pola fiestra e unha bágoa esvara pola fazula.

Gastarei algún día as bágoas?

Uol Free


jueves, 14 de noviembre de 2024

Tattoos

 


- Lo único positivo de no ligar ahora es no tener que descubrir  serpientes, dragones, cruces, cristos y vírgenes cuando se sacan la camiseta.

- A mí me da un parraque.

- Jajajaja

Uol

domingo, 18 de agosto de 2024

Falaz


Hacía tiempo que su ropa era un disfraz. Acaso antes lo definía, ahora era ya costumbre, hábito en los dos sentidos de la palabra. De este modo seguía atrayendo a la abeja incauta, deseosa de libar. Nada es lo que fue, pero uno no puede evitar caer en la rutina, es más cómodo que cambiar, que modificar los usos. 
Y allí seguía, con su impasible embuste, ajeno al fraude al que atraía.


Falaz: Que halaga y atrae con falsas apariencias.

Uol Free

jueves, 25 de julio de 2024

Aludida

 - ¡Mira que le echo cebos, pero siempre me escribe comentarios quien no me interesa! La otra nunca se da por aludida.
- Por eso yo me fui a negro.
- La misma mierda de siempre.
- ¿Pedimos otra?
- Muy fría, por favor.








jueves, 18 de abril de 2024

Que no te pille por sorpresa

 


A mitad de la vida

uno debería poder

encamarse con su memoria

una mitad para entender

una mitad para contar

es un buen acuerdo


pero si te dieron por muerto

si resucitaste por milagro

a mitad de la vida

si cuando tendrías que ser más sabio

has perdido

la facultad de nombrar

porque no distingues ya la virtud

del vicio, la verdad

de la mentira,

porque demasiadas veces

has visto cómo intercambiaban

sus motes,

cómo se parecen

sus máscaras mortuorias,

entonces


tienes trabajo todavía

armar un arca

introducir en ella

una a una las parejas de palabras

con sus significados nuevos

para que el diluvio

si otra vez llega

no te pille por sorpresa.


Gloria Trinidad: Libro de la niebla

Ediciones Amargord, Madrid, 2013.

lunes, 8 de abril de 2024

Cuando te vas...




La inercia
es una extraña propiedad de la materia.
Cuando te vas, por ejemplo,
el aire conserva el calor de tu cuerpo
durante un rato,
así como la arena guarda toda la noche
la tibieza triste del sol.
Cuando te vas,
para seguir con el mismo ejemplo,
mis manos persisten en la caricia,
a pesar de que ya no hay piel que acariciar,
tan sólo la osamenta del recuerdo
descomponiéndose
en el hueco de la escalera.
Cuando te vas,
dejas atrás un tú invisible
adherido a las cosas más pequeñas:
quizás un cabello en la almohada,
una mirada que se ha enredado
en los tirantes del deseo,
una huella de saliva
en las comisuras del sofá,
una molécula de ternura
en el plato de la ducha.
No es difícil encontrarte:
el amor me sirve de lupa.


Gemma Gorga

jueves, 23 de febrero de 2023

Soledad

 


Cuando te percatas de que el tiempo que tienes hacia adelante ya es menor  que el que dejas atrás, se imponen ciertas reflexiones o ideas turbias en tu cabeza; se hacen hueco y buscan el cauce por el que fluir y dejar posos en las orillas, como sedimentos hediondos que no puedes más que oler e identificar.

A veces me siento sola; no la soledad de la tristeza, el aislamiento y el abandono (que vendrán tal vez en algún momento), sino la soledad de no tener con quien compartir planes. Como dijo una amiga, es jodido tener tiempo y dinero y no tener con quien compartirlos.

Cuando era muy joven ni me planteaba no tener planes. Ni os cuento la emoción de la llamada por teléfono de amigas, ligues o conocidos con los que intercambiaba número de teléfono.

Cuando era universitaria los planes se solapaban y no solo había de renunciar a algunos por faltarme el don de la ubicuidad, sino porque mi responsabilidad ante los estudios me impedía vivir una vida loca, porque aunque no faltan pecados e imprudencias en mi currículum, nunca podrían catalogarse de disparates, barbaridades o locuras peligrosas. O quizás, sí; tal como se cataloga ahora todo, quizás sí viví situaciones insensatas o arriesgadas. Con todo, ni nunca perdí el norte ni nunca me desvié de mi objetivo: ser independiente económicamente.  Yo quería tiempo y dinero. Más o menos, los tengo. Tiempo menos, la vejez de los padres se impone. Pero todavía dispongo de ciertos momentos para mí.

En el período entre los veinticinco y los treinta y cinco años, cuando algunos de mis amigos y conocidos iniciaban el camino de forjar una familia, yo tenía un grupillo de cuatro íntimos que seguíamos sin ver claro ese túnel. Ahora si teníamos dinero y tiempo y los barajábamos a discreción. Fueron épocas gloriosas de las que he hablado en este blog varias veces. No lo idealizo: había curro y había horarios, pero también noches de empalmada, fines de semana de excursiones, bebidoque o viajes. También sexo y amor. Junto o por separado. Bueno, yo amor platónico nunca he tenido. Si no veía perspectivas, cambiaba la dirección de mi mirada. He amado. He deseado. Y he recibido ambas cosas. Pero no he sido persistente. Me he escapado. El porqué no viene a cuento. Quizás un día os lo cuente. O quizás cada uno ya se haya hecho una idea después de años leyéndome, y tampoco voy yo ahora a desmontarle el cuarto oscuro donde me haya metido.

Lo cierto es que yo me decía a mí misma que era muy afortunada por seguir manteniendo ese grupo de amistades tan unido, en unión estable, firme, férrea y, sobre todo, con el mismo estatus e intereses después de tantos años. Y de pronto, sin anuncios, sin dramas, sin intuirlo, el grupo se disolvió. ¿Las razones? Traslados de ciudad por trabajo y/o amor; un desacuerdo  en un caso que hizo plantearme que quizás necesitaba poner algo de distancia y de lo que nunca volvimos a hablar. Pero seguía existiendo gente a la que me uní. Y otro amor, otro grupo. Sin embargo, ya no fue lo mismo. Madurar, se llama, al parecer. Yo no pienso que antes fuésemos inmaduros. Simplemente, no todo el mundo necesita los mismos asideros en la vida. Ningún planteamiento es mejor que otro. Cada uno se agarra a lo que le satisface. La verdad es que la familia exige tiempo y dedicación. Y es bueno y necesario que así sea.  Y te vas descolgando. E, incluso, tu pareja interpreta como falta de compromiso que tú no quieras más compromiso que el que tienes: deducen falsamente que es falta de amor. A lo mejor es cierto. No lo sé. ¡No sé tantas cosas! Yo no lo veía así. Y ese afán por un papel me fue desinflando a mí. Y lo dejé. Otra vez.  Aquí alguien pensará que tengo miedo al compromiso, que soy inmadura. Otra vez el concepto. Pero no. O sí. No lo sé.

El caso es que aquello que escuchaba de adolescente cuando hablaban de ciertas chicas independientes, "se le va a pasar el arroz", "hay que tener hijos para que te cuiden en la vejez", "es tan escogida que se va a quedar sola", todos ellos dichos horribles y que encierran un egoísmo extremo (¡Y falso!, que se lo digan a los ancianos arrumbados en residencias; y sí, ya sé que existen situaciones insostenibles en las que es imposible cuidarlos en casa, pero vete tú a decírselo al padre que quería tener hijos para que lo cuidasen). Esos dichos populares, digo, reflejan el miedo a la soledad. Y aquí vuelvo a lo mismo. No me siento sola, pero tengo tiempo y dinero y no tengo más que compañeras con las que tomar un café o unas cañas tras el trabajo. A veces, ir al teatro o al cine. Y sí, cenas del club de lectura o tardes de termas. No está mal, ¿no? Pero yo hablo de viajar, de salir de vinos y pinchos cualquier tarde, de aquella emoción cuando sonaba el telefonillo del portal y cualquier amigo se presentaba para arrancarte del aburrimiento. ¿Quién se presenta en estos tiempos de repente en el portal sin previo aviso por el whatsapp?

Y aquí estoy, reflexionando mientras se hace la paella (arroz con cosas, en realidad) tras un largo puente de Carnaval en el que no he tenido con quien salir disfrazada o andar de troula por el triángulo mágico (Laza, Verín, Xinzo) porque todo el mundo tiene sus propios planes. 

Alguien puede pensar que hablo desde la amargura. Y no. Yo no me siento así. Pero me gustaría volver a compartir un grupo como el de antaño. Y es tremendamente difícil. Supongo que para cuando me jubile. Igual para entonces vuelvo a reunir a almas solitarias con ansia por compartir. Aunque no sé. Igual para entonces el cuerpo ya no acompañará al ánima.

Por eso, ahora, en la orilla, ante el mar en calma de mi espíritu, es cuando me pregunto, la soledad elegida ¿es una conquista o una losa? Chi lo sà!

Uol