domingo, 3 de mayo de 2020

Lo que duele



Que tanto y tanto amor se pudra, oh dioses;
que se pierda
tanto increíble amor.
Que nada quede, amigos,
de esos mares de amor,
de estas verduras pobres de las eras
que las vacas devoran
lamiendo el otro lado del césped,
lanzando a nuestros pastos
las manadas de hidras y langostas
de sus lenguas calientes.

Como si el verde pasto celestial,
el mismo océano, salado como arenque,
hirvieran.
Que tanto y tanto amor
y tanto vuelo entre unos cuerpos
al abordaje apenas de su lecho, se desplome.

Que una sola munición de estaño luminoso,
una bala pequeña,
un perdigón inocuo para un pato,
derrumbe al mismo tiempo todas las bandadas
y desgarre el cielo con sus plumas.

Que el oro mismo estalle sin motivo.
Que un amor capaz de convertir al sapo en rosa
se destroce.

Que tanto y tanto, una vez más, y tanto,
tanto imposible amor inexpresable,
nos vuelva tontos, monos sin sentido.

Que tanto amor queme sus naves
antes de llegar a tierra.

Es esto, dioses, poderosos amigos, perros,
niños, animales domésticos, señores,
lo que duele.
Eduardo Lizalde: El tigre en la casa. (1970)


sábado, 11 de abril de 2020

Sesgo de confirmación: árbore


Caracocha nun castiñeiro.

CANDO suceden as cousas, por que o fan? Non o sabemos. Por que os teus ollos, que xa coñecían e deixaron no cerebro a impronta do recordo, miran de pronto doutra forma? Tampouco o sabemos. Sucede. Todo sucede. Sen intervención ou con ela. Pero sucede. 
Visualiceino nun segundo. El era unha árbore protectora. 

Podería ter sido un carballo, robusto, alto, frondoso, respectable. 

Pero non. Porque lle vin a caracocha. E sentinme coma Benedicta refuxiándose dentro desa oquedade no medio da treboada. El era un castiñeiro con caracocha. Vinme e sentinme alí dentro del. Percibín o cheiro a madeira húmida, a froito goloso. Sentín coma todo o meu corpo, desde a cabeza aos pés, encaixaba á perfección naquel oco do seu corpo de madeira escura. Se el abría os brazos, eu cabía neles, toda eu, entre o seu queixo e os seus brazos, no seu abrazo, coma unha baga dentro da vaíña, coma a carne dentro da pel. El era o castiñeiro, o castiro que abría unha caracocha para que eu me refuxiara durante a treboada. Porque, meus, chovía a todo meter, caían chuzos de pé, golpeteando as follas, as pólas, as rochas, auga e máis auga a caer. 

E eu estaba á intemperie, enchoupada, percibindo cada pinga sobre a miña pel, cada ferida do corisco, cada ráfaga do vento. E alí estaba o castiñeiro, plantado e recio fronte a min. 

Eu xa pasara ao seu lado varias veces, moitas en realidade. Pero era primavera ou verán e o castiro reverdecía ocultando acaso a caracocha. Quizais eu miraba o ceo, as nubes, o chan; á ringleira de formigas coa súa pesada carga ao lombo; quizais eu percibía o cheiro do bosque umbrío, dos toxos, das xestas, do arume dos piñeiros. Quizais el estaba agochado tras carqueixas e matorrais. Sempre vira a súa follaxe alá arriba, pero era unha árbore, outra árbore. E eu observaba o río, as flores, os paxaros, os sendeiros coma meandros. 

Ata ese día. Por que? Quen sabe! Plantado fronte a min vin a súa caracocha, ese refuxio. Igual que o escultor ve a forma dentro do bloque de granito, do mármore, eu vin o meu contorno dentro do castiro, encaixado na caracocha. 

Penseino. 
Un pouco. 
Outro pouco. 
E outro. 
E refuxieime dentro. Sen preguntar, sen pedir permiso. 

Percibín alí dentro o arrecendo a madeira. Percibín o verdor, o frescor, pero tamén a solidez, a temperanza. 

E aquí estou, sen preguntar, sen permiso nin aquiescencia. Agardando. Agardando a que as pólas me oculten do mundo nun abrazo protector. Fronte ao mundo.

Uol
Benedicta Sánchez en O que arde, de Óliver  Laxe

CaracochaOco ou cavidade relativamente grande no toro dunha árbore.

El sesgo de confirmación o sesgo confirmatorio es la tendencia a favorecer, buscar, interpretar, y recordar, la información que confirma las propias creencias o hipótesis, dando desproporcionadamente menos consideración a posibles alternativas. Se trata de un tipo de sesgo cognitivo y un error sistemático del razonamiento inductivo. Las personas muestran esta tendencia cuando reúnen o recuerdan información de manera selectiva, o cuando la interpretan sesgadamente. El efecto es más fuerte en publicaciones con contenido emocional y en creencias firmemente enraizadas. También tienden a interpretar que las pruebas ambiguas apoyan su postura existente.


viernes, 3 de abril de 2020

Destello



Destello

                  
 Ah, dreams too bright to last!

                                   EDGAR ALLAN POE



Hay instantes que
        mientras duran
        mientras mueren
        y matan
Justifican
        una vida

        incluso esta

Luego está lo demás
                  el vacío
                  lo oscuro
                  el silencio
Lo que queda fuera
De los límites
Del filo
De los días
Que compartimos


Ballerina Vargas Tinajero: Antolejía. Poemas para limpiar el váter (2015)


domingo, 15 de marzo de 2020

Miedo




MIEDO 

Para las personas como yo, que tenemos pavor a las enfermedades potencialmente graves, no son buenos tiempos. 

El miedo llega a hacerme temblar como una hoja, me seca la boca, dispara mi corazón  y revuelve los ácidos de mi estómago. No me pasa siempre, por suerte. A veces transcurren años antes de que el miedo me asalte sin piedad. 

Las causas son en parte genéticas, en parte vitales, miedos de la infancia, sentido exacerbado de la responsabilidad. En fin, no sé si explican mucho el origen de este miedo, aunque pueden ayudar a entender el proceso. Nunca he tenido un ataque de pánico propiamente dicho (no he quedado paralizada), nunca he estado de baja por ansiedad, pero sí he pasado noches con los ojos en blanco esperando a la Parca o aferrada al amado si había suerte: los abrazos espantan a la muerte. Después, la normalidad. 

Pero... 
Pero te dicen que a este tipo de miedo no hay que escaparle, que lo mires a la cara, que dejes que se acerque. Yo intento evitarlo todo lo que puedo, con distracciones, canciones, respiraciones, refutaciones, órdenes... hasta que me rindo, no puedo, no puedo estar empujando la puerta con mis manos, con mi espalda 18 horas al día para evitar que penetre en mi cuerpo. Entonces veo cómo se acerca, es una ola grande que sabes que te derribará y te provocará golpes contra la arena. Pienso me tirará al fondo y ya está, después se retirará y emergeré viva, victoriosa. Pero tengo miedo. Mi razón me dice una cosa y mi cuerpo otra. 

Y emerges, sí, pero estás magullada y llena de arena y sal, pedazos de algas y conchas. 

La ola se va, pero tú tienes todo eso adherido a tu piel y no desaparece con un simple baño. 

Durante semanas, incluso meses, sientes esa arena pegada. Y te hace daño, te rasca. Es el recordatorio de ese pavor. 

Ahora estoy resistiéndome a dejarme atropellar por el miedo al coronavirus. ¿Fiebre? Bueno, no es tan terrible. ¿Tos? Pssss.... Pero la falta de aire, el ahogamiento, me espanta. Y por eso tengo miedo. 

Tengo que estar sola, mis padres son mayores. 

Y estando sola veo las olas al fondo acercarse, más cerca, más cerca. 

Sopeso si llorar un poquito. ¿Las lágrimas calientes aflojarán la presión del pecho, esta olla que pide reventar? 

Decido escribir esto. 

Sé que para mucha gente este tipo de miedo es incomprensible. Hasta que un día te sucede.

Escribir también desvía la atención del miedo. 

Y la música. 
Y una sonrisa. 
Y una mirada. 
Y una mano entre las tuyas. 

Si las tenéis, sentíos agradecidos. 

Porque yo hoy voy a coger mi espada y a luchar sola. 

Y tengo miedo. 


...

(Definitivamente voy a llorar y a esperar a que me derribe la ola)

Uol Free en tiempos del coronavirus

martes, 10 de marzo de 2020

Antes del daño




ANTES

Life is a pity.
Jack Kerouac



Es mentira
No es el tiempo
El que hace de nosotros
Lo que somos

Podríamos ser eternamente
El perro que no teme
La ola que no rompe
La lengua que no conoce lo amargo
La carne intacta
La mirada sin sombra
Que contempla sin saberlo
La última tarde de verano

Podríamos haber sido
Lo que ya no recordamos
Lo que fuimos
hace mucho

Antes del daño

Ballerina Vargas Tinajero, de Antolejía: Poemas para limpiar el váter (Ed.Liliputienses, 2015).

sábado, 29 de febrero de 2020

Aludido


ALUDIDO


Te preguntas si eres el aludido.
Pero no me preguntas a mí.
Te niegas a pensarlo siquiera,
que eres el aludido,
no a pensar en preguntarme
si lo eres o no.
Para eso hay que arriesgarse,
tirarse en plancha al agua fría,
cemento pulido
contra el que temes rebotar.
Tú, yo, todos.
Todos tememos esparcir los sesos
contra el suelo
por confiar.
Por confiar.

Avanzamos en los días
obviando continuamente
las olas que provocamos
tras nuestro quejumbroso andar;
niños indecisos, temerosos,
enrabietados porque la sombra
que se cruzó en nuestro camino
no es la que pintamos en el cuaderno escolar.
Y no vemos, no percibimos
la mirada anhelante de curiosidad;
la intriga, el deseo,
el afán.

Hot Stuff
Hot Stuff


¡Qué desconcierto no saber!
¡Qué desatino imaginar!
¡Qué cobardía no indagar!

Y así avanzan los días,
a trompicones inertes,
enmascarados de falsa productividad,
mientras se consume nuestro tiempo,
el que resta, el que se agota, el que no vuelve. 


Uol

domingo, 2 de febrero de 2020

02-02-2020



SI EN LO QUE RESTA

¿Si en lo que resta
no somos quienes seríamos;
si en lo que resta

no me anudo al cuello un pañuelo italiano
ni señalo, con un gesto, el espacio
que contemplar, si en lo que resta no me tomo un barco,
no me siento al sol, no salgo
al encuentro de tu cuerpo sin que me moleste
que las palabras no coincidan,
si en lo que resta no llego a saber
qué gusto tenía tu boca, si en lo que resta no te digo
nada que te haga sentir
que estás en una de aquellas películas, y es cierta;
si en lo que resta no amo una gran ciudad,
no me llevo a mí, a aquella, la que era linda,
a los nuevos barrios del tiempo, si en lo que resta no me                                                                   [
canto una canción 
ni lloro, ni te veo mirarme como diciendo:
"Ya sé, tu canción sigue siendo demasiado bella
para soportarla", y hay tiempo, o hay al menos la misma
sensación de que hay tiempo, y además
la sensación de que lo hubo, un alta mar
de tiempo donde ninguna orilla se divisa;
si en lo que resta no canto como cantaría, no dejo que mi                                                                                        [voz
gorjee e inunda la noche
hasta convertirla en otra cosa, en algo parecido a un pastel
de oro y dulces, un pastel para mirar,
si en lo que resta no te vuelves absoluto,
no te vuelves absoluto sólo por un instante
en que toda la belleza del Hombre se concentra en tu                                                                                       [imagen
y esa tu imagen puede ser tocada, tenida, mía
y entonces nada falta,
si en lo que resta
no flotamos durmiéndonos hasta nuestro fondo,
si, dulces moribundos, no borramos
el borde entre esta soledad
y el mundo, si en lo que resta no somos
ni nos acordamos de que aquí somos,
ni nos anoticiamos de que se nos es,
si en lo que resta no somos espléndidos,
si en lo que resta no somos quienes seríamos,
no damos con nuestro recuerdo del futuro,
no honramos aquella nostalgia del mañana;
si en lo que resta no nadamos hacia nosotros,
hacia aquellos que amábamos, hacia aquello en lo que                                                                             [devendríamos,
si en lo que resta no, entonces cuándo,
si no nosotros, entonces quién
nos consolará de estar tirados acá?

Beatriz Vignoli.