Sólo el azar me dio la piel que amé y sólo el azar —o el cansancio— extinguió el fuego. Lo que siguió no fue el azar, es lo que sigue siempre, la lenta pesadilla del olvido y luego cierto desprecio por ese que fui yo y que amaba y también por el que soy ahora, el mismo que no sabe por qué amo. Sólo la carne se equivoca. Darío Jaramillo Agudelo:Sólo el azar.
Música: I´m Into You (vídeo subtitulado en español , perteneciente al álbum Thinking in Textures (2012) , de Chet Faker
Son muchas las cosas
que te voy a hacer. Te voy a envolver en el algodón de mis abrazos, vas a estar
tan cómodo y confiado que te hundirás poquito a poco en la dulce placidez que
invita al sueño, al dormir más profundo y confiado; ajeno a tensiones, al estrés
despiadado, lejos de la angustia de tomar decisiones que uno no quiere asumir. Vas a probar la dulce medicina de mis besos,
aquella que cual opio narcotizante te hará olvidar penas y dolores. Querrás
abandonarte una y otra vez a su anestésica sensación.Y al rato, el salto a la excitación, a la
intriga, a ese desespero por entrar en el laberinto, cruzar sus lindes sin
saber qué vas a encontrarte, esa impaciencia, el ardor gustoso, ese dejarse ir.
Sí, cariño, te voy a hacer muchas cosas que enardecerán tus instintos: las que
piensas y otras. Sentirás que mueres y resucitas cada día, creerás de pronto que
la vida está hecha a tu propia medida, que es posible explotar de plenitud.
Pero, amor, has de
saber que también gritarás de frustración y arrasará tu ánimo la incomprensión;
que te voy a desconcertar mañana y pasado, cuando ya creías que lo sabías todo
de mí. Has de tener claro que los días azules se encapotan de repente con el
revoloteo furioso de mis párpados, que las nubes grises desparramarán sobre tu
cabeza las iras que has creado a tu alrededor sin saberlo, tormenta que
desencadenas sin sospechar por qué. Y cuando el sol encuentra finalmente hueco,
te preguntarás, amor mío, a dónde se ha ido la borrasca, incluso te
cuestionarás si realmente una vez descargó su torrentera sobre ti, despojado,
sin impermeable ni paraguas. Amor, cuando pienses que has llegado a meta, te
darás cuenta de que ni siquiera acabas de salir de boxes. Todo eso te haré, te
advierto.
Has de saber, amor mío,
que tras la cumbre, el descenso se vuelve arrebolado, desquiciado, inesperado.
Desde la cima todo es posible y la inevitable bajada te inducirá a pensar que
has de volver a escalar. Te invadirá la nostalgia del horizonte que lograste
entrever allá arriba, reiniciarás la caminata por bosques umbríos, no sabes si
te atraen o te asustan, tan oscura puede ser la hojarasca. Avanzas, hay claros
bucólicos, el dulce locus amoenus. Te
regodearás en ellos, pero el impulso te lleva al ascenso, y sigues, incesante, el
camino; cruzas senderos por claros suaves y por otros llenos de maleza. El
recuerdo de la felicidad experimentada al hacer cumbre te vuelve arriesgado,
valiente y tenaz. Allá arriba, ¡ah!, allá arriba uno se siente el rey del
mundo, el poderoso Hacedor. Duermes. En tu sueño has caído sin hacer cumbre,
has regresado a la casilla de partida, como una burla de los dioses. Sísifo enardecido,
persiste. Eso me dices todo el tiempo, amor mío, dices, no desfalleceré, no volveré mi mirada atrás, seguiré tu rastro.
Pero te advierto,
cariño mío, que la pereza acabará derrotándote; que llegará el día que
prefieras emputecerte en los lupanares del puerto de la prefectura de Shizuoka antes
que subir al Monte Fuji.Las cosas son
así, mi niño, debes saberlo, te lo advierto. Porque las cosas que te voy a hacer son también éstas
y no sólo aquellas otras. Por tanto, vida, mira bien los mapas, comprueba las
señalizaciones, mide tus fuerzas.
Después, no digas que
no lo sabías, que ni lo imaginabas.
INVENTARIO DEL INSOMNE Cuando me paro a hablar de mí conmigo oigo el hondo vacío del pasado: una llave de plomo cae al agua. Y si quiero cifrar en la memoria una sola presencia permanente en la niebla confusa de mi vida, allí apareces tú, la más sombría, la que nunca se entrega, la que huye. La que arroja la llave y, cerrando unas puertas invisibles, me condena a vivir entre estos muros, oyéndome mi voz, la que me dicta lo que nunca seré, la equivocada travesía de mí conmigo mismo. Felipe Benítez Reyes: El equipaje abierto.(1996)
Amor, con flores ligas nuestros brazos; los míos te ofrecí lleno de penas, me echaste tus guirnaldas más amenas, secáronse las flores, vi los lazos, y vi que eran cadenas. Nos guías por la senda placentera al templo del placer ciego y propicio; yo te seguí, mas viendo el artificio, el peligro y tropel de tu carrera, vi que era un precipicio. Con dulce copa, al parecer sagrada, al hombre brindas, de artificio lleno; bebí; quemóse con su ardor mi seno; con sed insana la dejé apurada y vi que era veneno. Tu mar ofrece, con fingida calma, bonanza sin escollo ni contagio; yo me embarqué con tal falaz presagio, vi cada rumbo que se ofrece al alma, y vi que era un naufragio. El carro de tu madre, ingrata diosa, vi que tiraban aves inocentes; besáronlas mis labios imprudentes, el pecho me rasgó la más hermosa y vi que eran serpientes. Huye, Amor, de mi pecho ya sereno, tus alas mueve a climas diferentes, lleva a los corazones imprudentes cadenas, precipicios y veneno, naufragios y serpientes.