jueves, 24 de enero de 2013

Olvido

     Él tenía largas pestañas y no usaba jamás camisas de manga corta. Cayó en Pedrafita, si bien su cuerpo mortal regresó a casa.

Y el silencio se abrió como una sima insondable. Evitar lugares. Pero no recuerdos. Silencio. Calla, corazón.

Ella le envió puñales.
Él le devolvió indiferencia.
Galopaban  caballos en su pecho.
¿Dónde se vende la metadona del amor?

Conseguir dormir.
¡Oh, si las flores duermen, qué dulcísimo sueño!

Uol

El sueño de las flores


lunes, 21 de enero de 2013

Derrota

LA CIUDAD
(1909-1ª versión,1894)

Dices "Iré a otra tierra, hacia otro mar
y una ciudad mejor con certeza hallaré.
Pues cada esfuerzo mío está aquí condenado,
y muere mi corazón
lo mismo que mis pensamientos en esta desolada languidez.
Donde vuelvo mis ojos sólo veo
las oscuras ruinas de mi vida
y los muchos años que aquí pasé o destruí ".
No hallarás otra tierra ni otra mar.
La ciudad irá en ti siempre. Volverás
a las misma calles. Y en los mismos suburbios llegará tu vejez;
en la misma casa encanecerás.
Pues la ciudad siempre es la misma. Otra no busques
          -no la hay-,
ni caminos ni barco para ti.
La vida que aquí perdiste
la has destruido en toda la tierra.


(K. KAVAFIS)


Gálata moribundo


Música: Preludio y danza de Javier Paxariño.

jueves, 17 de enero de 2013

lunes, 14 de enero de 2013

Disparos




 

Los disparos de los cazadores retumbaron en el valle. Tres seguidos. Alzamos la cabeza del suelo y detuvimos el quehacer.  Padre dijo que era una escopeta de tres tiros.
Los perros aúllaban excitados a lo lejos. Semejaban una jauría.
Van al jabalí. 
Al momento otros tres disparos. El valle expande el eco. No le han dado, dijo padre. 
El jabalí huye aterrado, perseguido por el olor de los perros y los pasos apresurados de los implacables cazadores.
La mañana es fría y clara, de hermoso sol que, sin embargo, no disipa la gelidez que se te mete hasta en el alma.
Ladridos. Padre vuelve al tajo y al azadón.
Más tiros resonando por el valle.

Entonces pensé en los otros. Aquéllos tan lejanos ya.
En aquellos otros disparos resonando en el aterrado valle, desde las montañas.
Y experimenté su horror y su espanto.

Uol





miércoles, 9 de enero de 2013

La casa del padre

        Ella aún es virgen en la casa del padre.
Después de seis meses casados.


En ese tiempo han visitado cuatro fines de semana a los padres de la mujer. Y han dormido juntos en la casa del padre. Pero ella le dice entre risas que sigue virgen allí. Él no se atreve a hacerle el amor en el cuarto que fue en su día infantil y ahora ya remodelado y con cama matrimonial. No es capaz de follar con sus suegros al lado. No, no se trata de un problema de impotencia. De hecho, sus erecciones espontáneas lo han puesto en un aprieto más de una vez:  ella disfruta provocándolo aposta. Pero se niega a hacerlo, teme que los oigan, teme que irrumpan en el cuarto, teme enfrentarse a la cara del suegro por la mañana y que el sonrojo lo delate.
Estamos casados, le dice ella.
¿No te da morbo?, lo fustiga.
Lo hacemos en el suelo para que no cruja la cama.
Nada. 
En la ducha. Que no, que se van a dar cuenta.
¿Y qué?, ¿piensas que no lo saben ya? Para ellos es normal que lo hagamos aquí, estamos casados.
Que no, que aquí no puedo.
O quizás sí puede, pero no quiere.

No sabe por qué exactamente.
O sí lo sabe.

Ella se ríe.
Aún soy virgen en la casa de mis padres.




sábado, 5 de enero de 2013

No más panettone, ¡quiero paquetone!


Queridos amigos y amigas:

Por estas fechas tendría que estar yo como niña con zapatos nuevos esperando mi regalo de Reyes. 


Pero aunque he sido una buena chica, ya sé que los jodidos no me van a dejar al lado de la chimenea un modelo de la serie A de supermacizos. Es lo que pedí el año pasado para jugar durante el 2012 (pinchad aquí si no os acordáis) y los tres pánfilos  me dieron largas con el cuento del desabastecimiento, así que este año no tengo intención de recibir una misiva como la que tuvieron a bien enviarme con sus falsas excusas (pinchad aquí para recordarla). Este año, amiguitos que me habéis acompañado durante tan duros meses, os escribo a vosotros para hacer una recomendación, sólo eso. 

Ya sé que cuando me venís a visitar queréis traerme un presente; ya sé que mi café/té/copazos son los mejores y queréis recompensarme; ya sé que me queréis agasajar; ya sé que pensáis que es hora de renovar un clásico donde los haya, que es llevar a una casa -cuando se va de visita- la caja de surtido de galletas Cuétara, (¿verdad amigo juansrios?) y habéis decidido presentar vuestros respetos con un PANETTONE. 

Panettone

Sí, lo sé, queridos míos, pero aunque los italianos son unos artistas en esto del bizcocho elevado, con frutas escarchadas o pepitas de chocolate, (sí, a ellos les gusta todo lo que sube, nada de queiques a lo largo, ellos a lo alto, ¡hala!, que suba, que suba, ¡toma levadura!), pues aunque yo os lo agradezco, chicos, ya va siendo hora de que sepáis lo  que YO quiero de verdad como regalo:


NO  más PANETTONES sino un buen PAQUETONE!!!


Un buen paquetone para jugar en el 2013.
Capici?


Os dejo aquí un muestrario, por si no sabéis a qué me refiero. 

Por favor, la próxima vez que vengáis de visita me traéis uno, ¡¡que de panettones estoy harta!!

Paquetone clásico


Paquetone ochentero

Paquetone  moderno

Muy agradecida,
Linda Nena.

PD: nos os preocupéis, si traéis el paquetone, ya pongo yo donde mojarlo.

martes, 1 de enero de 2013

Sexo guarro


− Te advierto que es guarro.
− ¿Cómo de guarro?
− Guarro de cojones.
− Arranca.
− Iba cargada…
− ¿De copas?
− No, ¡de oros, espadas y bastos!
− ¡Cómo te pones! Vale, ya me callo.
− Iba cargada y me dirigí al servicio. Nunca había estado en aquel antro así que me dirigí instintivamente hacia un lateral, al fondo de un pasillo. Si no era en una esquina, sería en la otra. Acerté. En la puerta había un símbolo que no era ninguno al uso, vamos, que sería un icono conocido allá en Saturno, pero aquí no significaba nada, al menos para mí. Y me colé dentro. Masculino o femenino, lo cierto es que estaba igual de sucio que cualquier otro por donde hayan pasado al menos cien personas en una noche. Asombrosamente, estaba desierto. Entreabrí la puerta de uno de los dos retretes y él se giró, un tipo grande como un tráiler que meaba beatíficamente. Perdón, mascullé, me he equivocado, dije educada a pesar del cebollo que yo llevaba encima, pero no pude evitar echarle una miradita al instrumento que el grandullón tenía entre las manos.
− ¡Oh, qué descarada! ¿Y qué tal estaba? Bueno, no me mires así…
− El tío llevaba unas patillas tipo hacha y un chaleco de cuero. Pero los ojos eran risueños y la sonrisa muy blanca. Tranqui, tía, me dijo, dame un momento y es todo tuyo. ¿Mío? Y me puse roja como un tomate. El sitio, el retrete, pero, si quieres, éste también. Y se sacudió la polla, que sí, se veía altanera y arrogante.
− ¡Dios mío!
− Créeme, Laura, Dios no estaba allí en ese momento.
− ¡Seguro, estaba Lucifer!
− Se quedó quieto, aguardando por mi respuesta. ¡El muy cabronazo sopesaba que hubiese respuesta!
− ¿Y la hubo?
Me colé dentro, cerré la puerta y le toqué la picha, que se desperezó engreída. ¿Es Navidad o qué?, se sorprendió el rockero. Sí, y tú eres mi regalo. Nunca lo hubiera imaginado, dijo mientras sus manos acogieron mis tetas. Comenzamos a besarnos. El cubículo era pequeño, había pegotes inidentificables en las paredes. Abrí los ojos y unos garabatos ponían en la pared de enfrente Chúpamela, mamón. Buena idea, pensé, pero este fulano acaba de mear.
− Aggggggg
− No te pongas remilgada ahora.
− El tío me abrazaba fuerte y yo casi ni podía respirar en aquel lugar tan estrecho que, por cierto, olía intensamente a orines y cerveza. Yo no sabía dónde arrimarme sin tocar aquellas paredes pringosas de sabe dios qué sustancias y él venga a empujarme contra la pared. Los pantalones se le habían deslizado hasta los tobillos y hacía equilibrios para no caer. ¿Cómo nos lo hacemos, nena? Se ve que notaba mi repentina vacilación. No esperó mi respuesta y bajó la tapa del inodoro y se sentó en ella.


¡Ay, dios!, mis pantalones seguían en su sitio cuando me sentó a horcajadas sobre él. A mi izquierda se leía la Tania es una puta y un número de teléfono. Debajo, pintados, una polla expulsando semen y unos testículos, todo ello hiperbólico. El rockero me magreaba bien y la verdad es que estaba muy bueno y hasta se veía limpito entre toda aquella mierda. Pero yo estaba algo descentrada, intentado evitar la porquería que me rodeaba. Al final, no iba tan cargada como pensaba. Sus manos movían mi culo adelante y atrás y se refregaba contra mí mientras me mordía el cuello. Sentía su excitación contra mi coño y, la verdad, empecé ponerme cachonda perdida. Cerré los ojos, por ver de no pensar en el puto wáter. Sólo lo conseguí a medias porque de pronto oímos abrirse la puerta de al lado y una sonora meada me golpeó los oídos. Me dio la risa. El rockero me miró divertido. Se ve que la situación también le parecía graciosa. De pronto golpearon nuestra puerta, ¡que es para hoy, iros a un motel, joder! A mi derecha estaba escrito el Marco es un marica, te chupa la polla gratis y un número de teléfono. ¡Aquella letrina parecía un listín telefónico! ¿Qué hacemos, nena?, me interpeló el hombretón. 
Lo besé de nuevo y me levanté, los bajos de mi pantalón rezumaban meadas absorbidas del suelo encharcado. Su mirada decepcionada me avergonzó, aunque él seguía sonriendo.


Supongo que el pobre pensaba, no..., si ya sabía yo que… Entonces me decidí, vamos a otro sitio, le dije. 
−… 

No me mires así, Laura, ya te dije que era sexo guarro.
Por cierto, se llama Alberto y es dentista. 

¡Ah! Y mi baño sí estaba limpio.

Uol

También en la serie Sexochat y Sexo oscuro.