sábado, 29 de noviembre de 2014

Peregrino





Xa fun, pero sei que hei volver con herbiñas de namorar, meu neno, con herbiñas de namorar, pra ti.
Uol

Vídeo: Romeiro ao loxe by Luar na Lubre.



ROMEIRO AO LONXE
Romeiro hei de ir lonxe ao San Andrés
con herbiñas de namorar,
dareille a quen alén mar está
o aloumiño do meu amor.


Hei de vestir a camisa de liño 
que ela teceu para min 
con herbiñas de namorar; 
anda o lagarto azul e souril 
a acaroar mapoulas bermellas, 
nacidas de fusís,
co aloumiño do meu amor, 
alleo á guerra e ao seu tambor. 

Morto ou vivo hei volver á terra 
que ela andou canda min 
con herbiñas de namorar; 
chouta o mascato polo cantil 
a velar o adro familiar, 
alá lonxe, na fin,
co aloumiño do meu amor.

Cabo do mundo, ó pé dun aguillón 
dóeme a guerra ruín 
entre herbiñas de namorar; 
corvo mariño, voa xentil 
o amilladoiro ha levantar 
e pan santo a colorir 
co aloumiño do meu amor.

Romeiro hei de ir lonxe ao San Andres
con herbiñas de namorar,
dareille a quen alén mar está
o aloumiño do meu amor.


Traducción al español:
ROMERO A LO LEJOS
Romero iré lejos a San Andrés
con hierbas de enamorar,
le daré a quién más allá del mar está
la caricia de mi amor.

Vestiré la camisa de lino 
que ella tejió para mí 
con hierbas de enamorar. 
Está el lagarto azul y alegre  
cortando amapolas rojas, 
nacidas de fusiles,  
con la caricia de mi amor 
ajeno a la guerra y a su tambor. 

Vivo o muerto volveré a la tierra  
que ella caminó junto a mí
con hierbas de enamorar; 
Brinca el albatros por el acantilado, 
velando el atrio familiar,  
allá lejos, en el confin,
con la caricia de mi amor.

Cabo del mundo, al pié de un farallón, 
me duele la guerra ruin,
entre hierbas de enamorar; 
cuervo marino, vuela gentil 
el milladoiro ha de levantar   
y el pan sagrado para colorear   
con la caricia de mi amor.

Romero iré lejos a San Andrés
con hierbas de enamorar,
le daré a quién más allá del mar está
la caricia de mi amor.

Palabra: Milladoiro: Montículo formado por pequeñas piedras amontonadas a través del tiempo por los romeros y peregrinos que se dirigían a algún santuario religioso.
Pan sagrado: son figuritas de masa de pan sin levadura que pintan de colores y que llamamos sanandresiños. Las venden juntas, sujetas por un cordel en esa romería. Una figura representa a san Andrés, a la barca de piedra (la isla que hay enfrente a Teixido), una sardina, una flor (a herba de namorar), una mano.También puede haber una escalera (para subir el acantilado), una corona, etc.
Sanandresiños
 
Toda la leyenda e imágenes en este vídeo a partir del minuto 24,5. Aquí.

martes, 25 de noviembre de 2014

El otoño y yo


Escalera al cielo


Música: Lullabye by Goran Bregovic. 





ES OTOÑO  y yo debería estar enamorándome.  Las hojas se vuelven ocres y marrones. Caen. Es otoño y yo debería experimentar el hormigueo de la ilusión. Porque yo me enamoro en otoño. La gente dice que la primavera es la estación del amor, se renuevan los campos, la savia recorre cada tallo y cada hoja despertando a las plantas, logrando la eclosión de las flores. Pero no, la estación adecuada para enamorarse es el otoño, cuando el cuerpo clama por la calidez de unas manos entre las tuyas, de unos pies que se enreden en los tuyos ofreciéndoles su calor; cuando el alma implora una mirada tierna y apasionada bajo el edredón, saltar juntos los charcos, las bufandas flotando en el aire, la nariz colorada por el frío. El otoño y la amenaza del invierno exigen el calor humano, los besos, los abrazos furtivos en los soportales que han visto abrazados, generación tras generación, a parejas de enamorados, entorpecidos los deseos por lo abultado de abrigos, jerseys y manoplas. El otoño reclama la proximidad de otro ser humano. Y yo, como ya sabéis, soy muy primitiva. Mi sangre reclama seguir lo que mis ancestros señalaron. Llega el otoño y yo debería estar enamorándome. 


Como aquella primera vez, cuando él me llevó a ver aquella película japonesa de la que no recuerdo nada, apenas el título. Y después, en su diminuto piso de estudiante, comimos queso, bebimos vino blanco y compartimos una minúscula cama-nido de 80 cms. Nunca un otoño comenzó con una pareja más apretadita y juntita, Dios, qué bien cabíamos en aquella camita de niño, tú y yo, mirando en el techo las estrellas fluorescentes que pegaste para mí y que brillaban al apagar la luz. 


También en octubre, de madrugada en una disco oscura, me apreté a mi segundo amor para susurrarle al oído. Y él me contó algún tiempo después que mis saltitos intentando alcanzar su oreja lo conmovieron, porque yo era una chicarrona del norte, pero parecía pequeñita abrumada por el deseo. A ti, sin embargo, no te gustaba el otoño, "es un desustanciado", me dijiste, a pesar de que sin él, añadiste,  "no habría castañas ni castañeras,  ni tendrían color los cementerios, ni Descubiertas las Indias, ni la Guardia Civil celebraría su patrona; Miguel no sabría cuando se celebra su santo y se pondría en duda el misterio de la Inmaculada Concepción". A ti, en realidad, no te gustaba tener que tomar decisiones importantes en otoño, y el destino te llevaba a ello una y otra vez. Sin embargo -me besaste con dulzura-, el otoño esta vez era distinto porque había parecido yo, tu Lou. 
Un invierno la marea te arrastró a otra playa y yo seguí mi camino, ajena a todo lo que no fuese mi dolor, hermética y airada, un dolor lacerante que me cambió para siempre. Yo todavía no sabía que todo dolor puede ser superado, como toda felicidad aumentada. 


Y otro otoño me trajo a Míster Hermoso. Saliste de entre las aguas como Neptuno para arrebatarme. Tus ojazos claros, agua sobre aguas, charquitos donde me bañé una y otra vez, donde navegué, buceé, licor que bebí y saboreé. Las aguas te trajeron como a Moisés a mi orilla, el niño perdido. Curé tus heridas curando al tiempo las mías. Fue tanta la felicidad como devastador el tormento en el que me dejaste. Te dejé partir, yo te dejé partir. También tú tuviste que buscar tus orígenes, regresar a tu pueblo. Sentí caer sobre  mí todas las plagas de Egipto, mis lágrimas se volvieron sangre, mis cabellos arrancados, mi lengua se tornó plomo derretido. Tu ingratitud me partió en dos. Desde ese momento renuncié a la felicidad. Tan sólo aspiro a bellos momentos: respirar el olor de la tierra mojada, soñar con el aroma de la noche besando al alba, sentir la lluvia en el tejado, mis puestas de sol, nadar y nadar en las aguas -líquido amniótico en el que me pregunto si aún estarás- , bailar y bailar en la oscuridad, besar unos labios...


Pero, ay, ¡cuán débiles somos los humanos! He renunciado a la felicidad y, sin embargo, aquí estoy, es otoño y pienso que yo debería estar enamorándome, debería estar enamorándome.
 Uol
Confianza
Música: Es Kisher by Haig Yazdjian.

sábado, 22 de noviembre de 2014

Oscuridad

Las sombras de la tarde  
caen espesas y profundas
y la oscuridad del deseo nos invade.

JESÚS FERRERO: Opium (1986)

martes, 18 de noviembre de 2014

Inadvertidas


Porque vive en el agua, nunca se ven las lágrimas del pez que llora.

(Proverbio de Costa de Marfil)


Es cansado, agotador, mantenerse fuerte.
¿Por qué a algunas personas no se le ven las lágrimas? ¿Por qué los demás no las advierten? Están ahí. ¡Míralas!
Uol

 

Inadvertido/a: adj. Desapercibido, que no se nota.


viernes, 14 de noviembre de 2014

Abandono

 


Las casas mueren cuando se vuelven árboles,
cuando una mancha vegetal las recubre
y convierte en jardines verticales. 


De sus ventanas brotan raíces
que rozan el filo de las nubes.


La casa muere con el verano en la garganta.

Hubo luz, un tiempo, en esa casa.
Hubo vidrios limpios que acogían una
mano temerosa de que el viento los quebrara.
Hubo niños oliendo a pinos y olivares
y una puerta grande donde entraba
todo el pasado y su memoria.


Los muertos regresan a la casa.
Hablan una lengua incomprensible y
levantan el polvo acumulado de los años.


Puede que aquí el tiempo se detenga
y sólo exista el instante en que la casa
se torna un paisaje fugitivo.


Todo se mueve en su cuerpo de piedra,
hasta la hoja más pequeña que se asoma
a la intemperie y se abandona.


No hay dónde agarrarse
para seguir de pie ante la casa;
para no caer delante de sus ruinas
y volverse una planta más que la recorre.


No se puede mirar tanto pasado
sin perder la lengua
en el hueco vertical de sus paredes.


No se puede mirar en ese quiebre
sin pensar que alguna vez
alguien fue feliz en esta casa,
alguien aferrado al canto de los grillos. 


Gina Saraceni: Casa de pisar duro (2013)




Reflexiones sobre la casa paterna aquí.

lunes, 10 de noviembre de 2014

Un sitio como éste

Mujer fatal

Era un antro oscuro, como corresponde. Nos miramos un minuto o más. Me arrimé a la barra, facilitando la aproximación. Te acercaste, como esperaba o deseaba. Inclinándote sobre mi oreja vertiste unas palabras, y entonces yo retrocedí a aquel tiempo, como era de imaginar. Y sonó la música en mi cabeza, recordando tu voz grave y vacilona. Lo jodido es que los versos 5 y 6 al fin tenían sentido. El futuro acaba por atraparte. Inútil resistirse. Entonces, vivamos. Carpe Diem.
Uol 

¿Qué hace una chica como tú
en un sitio como éste?
¿Qué clase de aventura
has venido a buscar?
Los años te delatan, nena,
estás fuera de sitio.
Vas de caza,
¿a quién vas a atrapar?
No utilices
tus juegos conmigo.

Mujer fatal, siempre con problemas.

Mujer fatal, siempre con problemas.

¿Qué tienes en los ojos, nena,
o es que vas a llorar?
Ya sé que alguien pisó tu orgullo
en un oscuro portal.

No intentes atraparme,
ya he aprendido a volar.


¿Qué hace una chica como tú
en un sitio como éste? 

Mujer fatal, siempre con problemas.
Mujer fatal, siempre con problemas.
Éste no es tu sitio.
Tú eres fatal.

 Música: Burning: ¿Qué hace una chica como tú? (1978)



viernes, 7 de noviembre de 2014

Am I Wrong?



Todos los días surge el asombro de saber que me equivoco.
Todos los días fantaseo con planes que no cumplo, lo divertido es imaginarlos, ni siquiera me planteo realmente llevarlos a cabo.
Todos los días me acuesto diciendo te quiero.

Algunos días descubro que no estaba tan equivocada, que pasan semanas, meses, hasta años, y el bien realizado vuelve a tu orilla como ofrendas marinas cuando ya ni te acordabas. Ese gesto, aquellas palabras, un beso, las sonrisas, los abrazos, consejos, mensajes, ejemplos. Cuando descubro que han germinado, crecido y que ahora me ofrecen sombra, me emociono con renovado asombro, me maravillo ante lo inesperado, ante lo ya dado por perdido, olvidado en la maraña de la vida, aquello tan amado y soñado, tan deseado.

¿Estaba equivocada por querer alcanzar cosas que no puedo ver? Ahora sé que no.
Aunque no ignoro que nunca llegan cuando lo deseamos. No, no es tarde, es otro momento. Pero igual de importante.

El pasado me devuelve la sombra del arbolito que un día planté, las sonrisas que regalé, el cariño que di y repartí con generosidad. Ahora. Y nunca es tarde. Es otro momento. No importa que refugiarme a su sombra ya no forme parte del presente, ya desvanecidos los planes que un día soñé. No importa. Me siento bien intentando alcanzar las cosas que no veo.

Uol 

Vídeo de Am I Wrong? de Nico &Vinz , subtitulada en español.

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Si recordaras...




Si recordaras, amor mío, qué es lo que te 
aguarda tras las seguras paredes de la espera.
Si recordaras cómo ¡y qué cruelmente! el deseo 

atendido oculta su puñalada de decepción.
Si recordaras que, una vez que la pasión estalla, 

el secreto deja de ser escudo y huida,
no me insistirías para que te mostrara, para que te 

ofreciera, para que te otorgue.
Sino que te resignarías a sobrevivir dentro de mí 

en el dúctil territorio de los sueños, donde todos 
los modos de ternura que puedas inventar son 
permitidos, toda tempestad música y ningún temor 
es irrevocable.
Si recordaras, Amor mío, qué es lo que te aguarda 

tras las seguras paredes de mi corazón,
no me obligarías a levantarme en armas contra ti, 

a detenerte, a desmentirte, a amordazarte, a 
traicionarte…
antes de que te me arrebaten, dulce silencio mío,
mi único tesoro, insensato e irreductible sentimiento.


Ana Rossetti: Punto umbrío (1996)

sábado, 1 de noviembre de 2014

La muerte





Pienso mucho en la muerte. Y envidio a los que nunca piensan en la propia. Porque yo pienso en la muerte en general, pero en la propia en particular.

¿Qué se siente? ¿Por qué la carcasa cede? ¿Duele? ¿Duele dejar de latir el corazón? ¿Duele dejar de ver, de oler, de oír? ¿Por qué me aterra pensar que mi cuerpo no sentirá ya nunca más?  La muerte con su no-sentir.

¿De qué me sirve el Más Allá? No hay consuelo. Como ser biológico, no creo en el Más Allá. Como ser imaginativo, pienso a veces en otra vida diferente, no terrenal, pero se me escapa, porque no tendré cuerpo con que sentir. ¿De qué me sirve una vida si no sentiré? Los creyentes dicen que se sentirá de otra forma, algo como una conexión espiritual, una satisfacción de tipo mental, una energía, la gracia de Dios. ¡No me digáis que eso y el Cuarto Milenio no vienen a decir lo mismo! (No se me ofendan los creyentes, he tenido una educación cristiana y no me deshago de ella por más que lo intento, ya es inútil, así que me rezarán responsos, si es que alguien se acuerda de mí en ese momento). Pero si la satisfacción es mental -y si en esa cosmovisión paradisíaca me toca el premio-, ¿de qué me sirve? Yo ya siento mucho con la mente, y la verdad, sufro más que otra cosa, ¿me va a tocar también padecer en ésa otra vida? Dadme un cuerpo para sentir, unos labios que rocen otros labios; dejad a mis yemas seguir la línea de una cintura, dejad a mis ojos clavarse en unas pupilas, dejad a mi lengua saborear otro cuerpo.


De niña vi la muerte.
Una niña muerta. En su caja expuesta. 

De niña vi a una niñita desconocida enferma de muerte. En una camita de un viejo hospital, solita.

De adolescente la muerte pasó a mi lado y no me llevó porque no me subí a aquel coche.

Y ahora temo a la muerte. A la soledad de la muerte. Al horror de la muerte, al dolor de la muerte, a la separación del cuerpo y el alma; a la despedida de los seres amados. ¿Hay algo más cruel que destinarnos a la extinción? 

Juguetes viejos, rotos, en unas manos aburridas. Eso somos. Ahora me canso y los tiro. Como un niño caprichoso que se harta de los viejos juguetes y los rompe contra el suelo. O con suerte los olvida debajo de la cama y envejecen olvidados de todos. Centenarios de los que la muerte se olvidó, porque ignora su existencia. Y llegan nuevos juguetes ante la despótica criatura. Y en ocasiones da igual que estén nuevos y relucientes, los desarma, los rompe, y hasta parece que eso duele más, porque apenas han tenido vida. Estamos en manos de un crío caprichoso. ¿Qué me tocará? ¿Cuál será mi suerte? ¿Llegará a jugar conmigo? ¿Me sustituirá pronto? ¿Acabaré arrumbada en una esquina?


Aquellas niñas que yo vi. Aún las recuerdo. No fui consciente del miedo entonces. Éste llegó mucho más tarde, sin avisar, con sus garras y colmillos hirientes. Y ya no se ha ido. Ya no se irá. El miedo a la muerte. Por siempre. Hasta nuestro encuentro final.


Uol 
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