lunes, 7 de mayo de 2018

Encuentro casual



Hace tiempo que no me convocas para contarme una de tus historias, Lou. Así que debo inducir que se trata de algo importante. No, no creas, bueno, quizás... Tampoco es que tenga que tenerte al día de mis miserias y sequías. No soy el parte meteorológico.  Vale, lo que digas, desembucha. 

Tendría que remontarme a... No empecemos con tus digresiones, al grano, que te conozco. Es que los antecedentes son importantes. Vaaale. No pongas esa cara, está bien, abrevio, pero luego no empieces a interrogarme por cabos sueltos.  Uol resopló, como siempre. ¡Dudar así de su capacidad detectivesca! No tiene remedio.

Hacía un par de meses que no salía de juerga: temporada de trabajo, invierno lluvioso, pocas ganas y alicientes, pero sobre todo una amiga que estaba en fase pasional con su última conquista y que era con la que yo más salía habitualmente los fines de semana. Así que llevaba mucho tiempo sin verlo,  muchos meses en realidad. ¿A quién? Uol se embala. Te jodes, ahora no pienso aclararte nada. No haberte saltado el prólogo.  Uol finge enfurruñarse pero se recupera enseguida. ¡Buena es ella!  Ya, un fichaje al que controlas, pero con el que nunca has hablado. Y seguramente del tipo que te mira y remira y no dice esta boca es mía. Fichaje de lejos. Un lento.  Ya sabéis por qué a veces la estrangularía. Un tímido, precisé. De los que te ponen a cien, añadió ella, que me conoce mejor que yo misma. A mil, apostillé yo. Y sí, mirada clavada, pero nada más. Y no coincidimos en los bares más que de  pascuas en ramos. Casado o con pareja. Y sólo sale los viernes o sábados "de chicos", peña de pachanga o similar. Me largo, ya que lo sabes todo. No, no, no, porfi, cuéntame, please. Me pone Uol esos ojillos de  lánguida gatita escondiendo las uñas. Temo yo sus zarpazos más que el pastor un nublado. En fin, me ablando enseguida. 

Más bien creo que solamente coincidimos en ciertos locales, y que los encuentros quedan al albur del destino y la casualidad, y ésa no es muy amable conmigo últimamente. Un día lo vi en un bar de la zona de vinos con un par de amigos y una pareja con un bebé. Hablaban y en un determinado momento la pareja se despidió y él le dio un besito al bebé, que estaba en brazos de la chica. Imaginé que era la hermana, el cuñado y el sobrinito. Me pareció un hombre tierno y cariñoso. Ya está la peliculera ésta. Pero, chica, ¿por qué fabulas así? ¿Y tú por qué eres tan positivista?  No sé, en todo caso la casualidad y tú os lleváis extraordinariamente bien, porque te pasa cada cosa... No respondo y pongo mi cara de ultimátum. Ella bebe y calla, precavida.  

En resumen, después de meses en plan hogareño acudí a una cena con colegas del trabajo. El restaurante estaba ubicado en una parte de la ciudad que no suelo frecuentar. ¡Con decirte que tuve que buscar en el google maps el local y no lo encontraba porque no estaba registrado el nombre! Lo habían reformado hacía poco y les habían dado buenas referencias a la organizadora. Como no me gusta llegar tarde en plan reinona y tampoco puedo alegar tener que "acomodar o gando", suelo ser puntual. (Explicación para los no gallegos: acomodar o gando significa literalmente preparar al ganado para la noche: se encierra a los animales en el establo, se les echa hierba seca (xestas) para formar la cama, se les provee de forraje o comida, lo habitual. En sentido figurado, en Galicia decimos acomodar o gando, cuando las mujeres dejan a sus hijos cenados, en cama, y al marido también acomodado, es decir, con la intendencia doméstica solucionada porque tiene que salir. No digáis que no tiene su pullita la expresión).

Entré en el restaurante diez minutos antes de la hora. Lo vi frente a mí nada más atravesar el umbral. Literalmente me dio un vuelco el corazón. Creo que se  me dilataron hasta la pupilas. Y juraría que a él le pasó lo mismo, porque, no es ya que me reconociera, of course!, sino que pareció quedarse perplejo. Ya está ésta con sus fabulaciones. ¡Que te calles, coño! Uol  retrocedió. Sabe que si me cabreo puedo medirme con ella. Estaba sentado  a la barra, rodeado de amigos, algunos de pie. No había nadie de mi grupo y me fui a la otra esquina de la barra. Hacía una pequeña ele. Él giró la cabeza siguiéndome sin ningún disimulo. Me senté en un taburete, pedí una caña de 1906.  Un par de minutos después, dos de sus amigos giraron la cabeza hacia mí, ellos sí con disimulo. Pensé si él les habría comentado algo. ¡Anda ya!, explotó Uol. Son tíos. Ven a una mujer sola en una barra de bar y miran. Ni siquiera hace falta que estés buenorra, no te emociones.  Ya imagino, ya. Y gracias por el espejo.  Pero, sigue, sigue. Uol no se deja alcanzar por mis dardos. 


Yo ni siquiera saboreaba mi cerveza, como suele decirse unas me iban y otras me venían. ¡Anda que si un día publicase mis historias y me tuviesen que traducir a otros idiomas qué traballiño les daría a mis traductores con tanta frase hecha, dichos populares, jerga y expresiones coloquiales! ¿Pero a quién le iban a interesar tus relatos, tontiña? Claro, claro, si aún fuesen las tuyas, doña Uol, con tus conquistas y polvazos. Yo soy una dama y jamás contaría mis andanzas, Lou. Esta Uol siempre se sale con la suya.  A lo que iba, las miradas se cruzaron otra vez, y otra. Yo rezaba para que mis colegas se retrasasen. Sentada en aquel taburete no sabía qué hacer. Entonces él se levantó y le oí decir, se dirigía al camarero claro está, ponme un mencía, un Ladairo. ¿Cliente habitual? Entonces vi con sorpresa que cogía unas muletas.  Se dirigía al servicio.  


 Tenía un tobillo vendado, sin escayola, el pie al aire, sin calcetín. Pachanga futbolera de finde, ya te lo decía yo.  Ni me molesté en contestarle. El jersey se le subió un poco al apoyarse en las muletas, de ésas con apoyo en los antebrazos. Vi un poquito de su abdomen, así, lisito, con algo de vello, y salivé. Mi corazón tam tam tam tam llamando a Eros, llamando a Eros. ¿Qué hago, qué hago?  Uol ponía los ojos en blanco, harta de mi indecisión. Bebí otro trago y me armé de valor. Uol me miró con emoción. ¿Te marcaste un Uol?, me preguntó. Ni caso. Cuando regresó del baño me miró de nuevo, estaba en su trayectoria, y le pregunté con todo el morro. ¿Qué te ha pasado? Y él con toda naturalidad: rotura de ligamentos. Latoso, dije. Él se detuvo frente a mí y me lancé, perdona que te haya abordado así, pero es que tengo la sensación de conocerte de algo, me resultas familiar.  Sonrió tímidamente Pum Pum Pum. ¡Eeeh!!? ¿Le dijiste esa chorrada? Uol, la implacable. Entonces mi chico tímido me preguntó con la mirada algo baja ¿Le dices eso a todos los lesionados? No, respondí, sólo a los que tienen rizos, y ojos y nariz grandes. Se rió, algo ruborizado. ¿No creerás eso que dicen?, me preguntó. ¿Qué cosa? Que el tamaño de la nariz es proporcional a... otros tamaños. ¡Mira para el timidito!, se rió Uol. Déjame ver tu mano. Vaciló un segundo, pero se apoyó en el pie sano (¿cuál era el herido?, ay Dios, no recuerdo) y me la ofreció. La sujeté suavemente sobre mi palma. La amplitud de tu mano me dice que no iba a tener queja al respecto. Su carcajada brotó clara y espontánea. Me derretí allí mismo. Bueno, bueno, eso habría que verlo. Mi cara de boba respondió por mí. Pero en ese instante se abrió la puerta y entró la primera de mis colegas, toda sofocada, porque creía que llegaba la última. Era de las del sector gando. Él se retiró entonces a su lugar y yo me quedé mirándolo por encima del hombro de mi compañera, con una interrogación en la mirada, con una ilusión en el corazón. Él me devolvió la mirada y nació en mí una luz, una esperanza que... Olvídate, masculló Uol. Ya estás tú! Y tú con tus fantasías. Que te olvides, te digo. Es un tío, le dices eso y no te pide el número de teléfono ni una cita. Olvídate, está casado, tiene novia o es gay. Bueno, en los dos primeros casos hasta te pediría el teléfono, no te digo más. Uol y sus teorías. Oye, no todo el mundo es atrevido como tú. Yo no soy atrevida, veo la realidad, a todas horas, con todo el mundo. Estupideces. No era el momento, las circunstancias... La circunstancia es que le estabas ofreciendo tu cabeza en bandeja de plata y él se retiró a sus cuarteles de invierno, con sus amigotes, su pachanga traicionera  y su cerveza. Vino tinto. Lo que sea. Olvídate. No es para ti. En el mejor de los casos, es un indeciso.  No sé qué tiene Uol contra los indecisos que no los traga. Pero yo los comprendo muy bien.

Ni que decir tiene que me pasé la cena in albis, no me enteré de ná, ni siquiera cuando a los chupitos llegaron algunos jugosos cotilleos. Yo estaba con mi cojito bailando un agarrado de los de antes. Para bailes estaba él, el pata palo, ironizó Uol. Puta mierda, puta mierda, exploté yo. Esa boquita, Lou, me recrimió Uol.  Perdón, ya sabes que soy muy educada y con vocabulario más que extenso, pero no me digas que  para el caso, el registro vulgar es el más adecuado. Y fácil de comprender en su intenso matiz, se burló Uol concesiva.





Ay, amigos! ¿Qué pensáis de todo esto? Estoy que no vivo y Uol se burla de mí. ¿Es cierto que mi osada entrada en campo minado ha resultado en vano? ¿Crucé las líneas enemigas y sal los escollos sólo para descubrir que me pasé de frenada y vuelvo a estar en terreno neutral?

Uol

2 comentarios:

  1. Pues yo diría que le gustas, pero no supo qué responder. Se sintió inseguro debido a su torpeza para hablar, se creyó incapaz de llegar a buen puerto, a pesar del clima favorable, y dejó pasar la ocasión, consciente de que quedaba mal y se perdía algo muy deseable, por miedo a quedar todavía peor en una conversación. Es lo que más frecuentemente nos ocurre a la mayoría.

    Yo anoche mismo estaba así por Alicante, lo cual no es raro en mí, pero lo curioso es que iba con un amigo mucho más espabilado, bombero separado, atractivo, con buen sentido del humor, con una carrera de ingeniería, y con hijos, y que tampoco habló con ninguna, porque iba de cervezas y no se llegó a sentir suficientemente lanzado, como sin duda se hubiese sentido si hubiera estado bebiendo whisky o café licor. Y es de los que son sociables y se le da bien charlar, pero apenas cambió un par de frases con una. Me sorprendió esa pasividad. Si incluso a alguien de su nivel le cuesta a veces lanzarse...

    ResponderEliminar
  2. Gracias por dejarme tu impresión, Cristian.
    Pero... de verdad que parece que le iba a hacer un examen de locuacidad e ingenio? Sois tan tímidos o cortados los hombres? Es porque estaba con sus amigos? No intentó hilar algo más la conversación. Dejarlo para mejor momento puede suponer no volver a tener ocasión. No sé, mucho fabular y poco obrar. Es el sino de los tiempos.
    Cristian, si ves consonancia, lánzate. Tampoco hay que ir a saco, sólo entablar conversación. A veces una simple conversación aclara mucho. Y si desilusiona, tiempo que no se pierde en ensoñaciones. Además, por lo general, las personas no somos tan drásticas.
    Bicos!

    ResponderEliminar

Tu opinión me interesa. Es tuya.