
Va por delante que estoy
ligeramente ebria. Con la comida, un arroz con mariscos que he hecho (no puede
llamarse paella porque la paella valenciana no es así y a mí no me gustan las
judías en el arroz), he trasegado tres copas
de Ribeiro de un blanco cosechero delicioso, después un chupito de licor café (no se dice licor DE
café) y tres cafés solos con gotas
de aguardiente blanca (casera también). Así que tengo una ligera euforia
alcohólica que me pone muy cachonda. El alcohol potencia ese efecto en mí, debe
activar y poner en ON unas células ya de por sí locas perdidas. Con todo, ya no
recuerdo la última vez que me emborraché. Hace años, porque no bebo el suficiente
alcohol para alcanzar ese nirvana: cuando salgo de copas y baile bebo en la cena mis vinitos, pero después ya no tomo
copas porque suelo tener que conducir y soy respetuosa con las leyes, aunque
después veamos cómo se las salta todo quisque. Yo soy de las ingenuas que siguen creyendo que las fuerzas de seguridad del
Estado están para proteger a los ciudadanos, no de los que piensan que hay
elementos oscuros que se las saltan de modo infame (qué miedo polis y guardias
civiles supuestamente violadores de mujeres que regresan solas a casa en fiestas,
receptores de mordidas en la explotación
de mujeres, informadores del narco, etc.
¿Quién vigila a los vigilantes?). En fin, soy
ingenua (sí, reíros) creo en la buena gente (aunque no confío), y quiero pensar
que si me tienen que ayudar, me van a ayudar, no a violarme y a grabarme para
colgarlo en la red diciendo que la manada
se protege. En fin, estoy algo ebria, pero no como para no poder teclear, evidentemente
después tendré que corregir este caos de mayúsculas y minúsculas, siempre
activo la tecla de las mayúsculas cuando tecleo apresuradamente y tengo que
corregir todo.
Hoy es un día
festivo, 12 de octubre, y yo tendría que pasarme la tarde en la cama o en el
sofá follando sin parar, que es lo que más satisfacción me produce además de leer,
escribir y bailar, no necesariamente en ese orden, pero la puta vida es como
es. Y no siempre tengo a alguien que me quiera o a quien yo quiera, me desee o yo lo
desee, que hay quien separa ambas cuestiones, yo nunca lo he tenido muy claro.
Es decir, yo qué sé, cuando deseo intensamente y me siento plena en el sexo me
enamoro de alguna manera, hasta que me desenamoro. Y a veces me enamoro de la
película que me monto y después el sexo no es como pensaba y me desenamoro en
un plis plas. Y eso me jode mucho, porque
de repente me noto diferente. Diferente a las personas que aceptan, transigen,
perdonan, se conforman. En fin, espero poder corregir bien este texto, porque
en pantalla están saliendo letras que no sé quién las ha escrito, hala, otro
lingotazo de licor café.
Cuando deseo, deseo en
demasía. Creo que no lo soportan, lo creo, sí.
Hay que besarse mucho, lo leo en la prensa, en los diarios, -los periódicos
se han convertido en cotilleos de sociedad- como si yo no lo supiera y llevara a cabo, y
encima a mediodía no hacen más que emitir películas de amor difícil que acaba
bien, mis amores nunca son difíciles, simplemente no me dan lo que necesito.
(¿Lo doy yo?)
Y qué necesito, necesito
alguna droga que me altere continuamente la emoción, la imaginación, en
realidad es sencillo, sólo que no he encontrado a alguien como yo, a mi igual. Sé que hay teorías sobre
que si los parecidos se repelen, que si los contrarios se atraen. No sé, con
los muy diferentes no tengo cosas en común, tienen un sentido del humor que no
comprendo, que me hace sentir insegura, como si no hubiese tierra bajo mis
pies. Y si son muy iguales, me chirrían, no sé,
me suena falsa la armonía.
¡Parezco tan segura! O
lo parecía. Me he vuelto mayor, el tiempo vuela, me han llegado a decir
que impongo, pero eso me lo dijeron cuando tenía 26 años. Ahora ya soy mayor,
pero sigo teniendo 26. Y sigo sin comprender. ¿Qué necesito? He llegado a
entender, a comprender y a aceptar que cuando deseo estoy pendiente de alguien,
me siento indefensa, débil, incluso enferma de ansiedad. Y cuando estoy sola es
cuando me vuelvo fuerte, nada me da miedo. Bueno, la muerte, ya lo sabéis, pero
cada vez la veo como más cercana, está ahí, sin más (el alcohol, of course)
Mi vida es plena, soy
feliz, y sin embargo, podría amar más y mejor (bueno, más); podría seguir amando,
deseando. Estoy algo ebria, y lo único que deseo es un cuerpo que acariciar,
una piel que besar, un cabello en el que enredar mis dedos o, vale, una calva
que acariciar, en fin, ya ni eso importa.
Yo me siento bien. No
necesito a nadie para ser feliz, nunca lo he necesitado. Y por eso mismo podría
haber hecho a alguien muy feliz. Y yo serlo todavía más. Y pasó. Una vez. Y dos.
Tres. Cuatro. Dicen que no hay quinto malo. Me gustaría comprobarlo.
Ahora mismo me imagino
seduciendo a uno con el que he intercambiado media hora de charla. Nada más. Bueno, ya lo conocía de
muchos años atrás. Ha sido jodido, yo lo miraba porque me gustó cuanto entré en
aquel pub y él me miró. Es de esos hombres, pocos, con los que yo me puedo
sentir pequeña sin sentirme acorralada o amedrentada. Pero resulta que él me miraba porque me
conocía de hace, digamos, quince años atrás, y yo no lo reconocí. Joder, que no
me miraba porque le gustase (¿o sí? Esa repentina timidez que mostró...) sino
porque me reconocía. Me abordó, me dejó
en shock. Fui algo brusca (mi coctelera, que diría Ramiro Sancho, se percató de
todo eso, no es que yo le guste, es que me reconoce; se estará preguntando por
qué lo miro; viene a hablarme, se da cuenta de que yo, en cambio, no lo he
reconocido; era un muchacho entonces y yo ya una chica, etc.). Apartó la mirada
varias veces con timidez y eso me puso a cien (joder para la leona que llevo
dentro), pero las circunstancias nocturnas nos llevaron a la despedida. Pensé
que nos volveríamos a ver pronto, pero han pasado los meses y no hemos vuelto a coincidir. Y mi imaginación hace tiempo que vuela y vuela
y vuela y vuelve a volar. Si hubiésemos vuelto a coincidir y charlar, y tomado café, cañas, copas, intercambiado
teléfono y compartido cama, seguro que nada de esto hubiese pasado y no estaría
pensando en él tras beberme tres Ribeiros blancos, un chupito de licor café y tres
cafés solos con gotas de caña.
Pero entonces ¿qué sería
la vida?
Un puro y yermo erial.
Uol, ya menos ebria.
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Licor café gallego |